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26 DE DICIEMBRE |

Descubre cómo las redes de fibra óptica pueden actuar como sismógrafos y detectar terremotos

Descubre la técnica de medición acústica distribuida con la que las redes de fibra óptica se convierten en un sismógrafo.

California, Haití o Perú son algunos de los lugares famosos por su reciente actividad sísmica. Lugares en los que un sismógrafo marca la diferencia entre una catástrofe y un fuerte terremoto… hasta ahora.
 
La Universidad de Standford, conscientes de la complicación que supone instalar sismógrafos en muchos lugares del mundo, han aprovechado las cualidades de la fibra óptica para poder detectar movimientos sísmicos. Y es que, los cables de fibra, por su propia naturaleza, son muy sensibles a las vibraciones. Cuando un cable está completamente quieto, su señal no varía, pero si algo lo mueve, las tensiones que sufre se traducen en sutiles variaciones que pueden ser registradas e interpretadas.

La realidad es que la fibra óptica está cada vez más extendida en todos los países del mundo, incluso en zonas rurales donde solían predominar las instalaciones de cobre y, como ocurre con la Coca -Cola, su distribución es barata, lo que facilita que hasta en los lugares más recónditos podemos encontrarnos con este tipo de accesos.
 
La técnica que han desarrollado desde Standford se denomina “medición acústica distribuida” y no es algo novedoso en sentido estricto, ya que la industria petrolera la utiliza en sus plantas. Lo que sí se considera una novedad es su aplicación en redes urbanas de fibra óptica.

La técnica que han desarrollado desde Standford se denomina “medición acústica distribuida”.

Se ha descubierto que los cables de fibra óptica, caracterizados por no por conducir información mediante bits, sino mediante pulsos de luz, son capaces de detectar movimientos y sismos. Estos cables son, concretamente, unos hilos muy finos de material transparente (vidrio o materiales plásticos, sobre todo estos últimos) a través de los que pasan puntos de luz. La luz se propaga por todo el cable ‘rebotando’ y una vez en el destino se interpretan esos haces de luz.


La instalación de prueba que han habilitado en la universidad incluso fue capaz de detectar el terremoto de 8,2 grados que tuvo lugar en México el 8 de septiembre de 2017, a más de 3000 km de distancia. Además, es capaz de detectar varios temblores que estén ocurriendo simultáneamente en el mismo punto, con un mínimo de diferencia entre cada uno de ellos de 0,2 grados.

Lo más interesante de esta nueva apuesta es que es capaz de diferenciar entre ondas P y S, por lo que puede detectarlos con una antelación mayor gracias a las ondas de menor intensidad, las P. Estas ondas, denominadas como ‘primarias’ y que marcan el comienzo del sismo, son casi dos veces más rápidas y pueden viajar por todos los medios. Por ello, son fundamentales para anticiparse, en la medida de lo posible, a un terremoto.

Lara Falcón

Lara Falcón

Comunicación online