Buscando...
2024, mes a mes - Blog Mutuactivos

Miedo

Publicado por Ignacio Dolz de Espejo | 19 de junio de 2025

Puedes escuchar nuestro análisis semanal en iVooxSpotify y Apple Podcasts.

En el sector financiero hablamos mucho de lo que llamamos “finanzas conductuales”, pero nos cuesta mucho explicar las claves a nuestros clientes. Eso es lo que vamos a intentar en este documento.

Imagina que vuelves a casa a las cuatro de la mañana y escuchas a alguien arrastrando los pies detrás de ti. Tu cuerpo reacciona automáticamente: tu corazón se acelera, los músculos se tensan, y buscas cómo salir del posible peligro. Es el resultado de millones de años de evolución. Este mismo mecanismo se activa cuando vemos que la bolsa cae un 20%.

Nuestro cerebro reacciona como si tuviésemos un cuchillo cerca de nuestra espalda y es ahí donde comienzan los errores. No somos inversores racionales. Nuestro cerebro no ha evolucionado bien para invertir. Es como si estuviera hackeado para reaccionar mal en situaciones extremas. Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel de Economía, explicó en su obra Thinking Fast and Slow que operamos con dos cerebros: el primero, de supervivencia, es rápido, intuitivo y emocional y es el que nos salva la vida en situaciones de peligro. Kahneman lo llama el cerebro reptiliano. El segundo es más pausado y racional y el que usamos para resolver un problema matemático o analizar una inversión.

La clave es que, en momentos de miedo, el cerebro 1 toma el control para protegernos y puede ser contraproducente porque busca seguridad inmediata. Quiere salir del mercado, vender, evitar más pérdidas. No analiza si la caída es temporal, si la empresa sigue siendo sólida o si es una oportunidad de compra. Solo quiere dejar de sufrir. Y ese impulso, aunque comprensible, puede destruir valor.

Está demostrado que sentimos el dolor de perder dinero con una intensidad mucho mayor que el placer de ganarlo, lo que tiene sentido en un entorno de supervivencia: perder recursos podía significar morir.

La aversión a la pérdida es uno de los sesgos más documentados en psicología conductual. Está demostrado que sentimos el dolor de perder dinero con una intensidad mucho mayor que el placer de ganarlo, lo que tiene sentido en un entorno de supervivencia: perder recursos podía significar morir.

Pero en el mundo financiero, este sesgo nos lleva a decisiones irracionales: cuando el cerebro reptiliano se activa, no solo cambia lo que sentimos, cambia lo que vemos. Literalmente.

Estudios de neurociencia han demostrado que, bajo estrés, el cerebro reduce su capacidad de análisis, se enfoca en amenazas y minimiza la información positiva. Es decir, cuando el mercado cae, no solo sentimos miedo, vemos el mundo como un lugar más peligroso de lo que realmente es. Esto explica por qué, en momentos de crisis, incluso los inversores más sofisticados pueden tomar decisiones impulsivas. No es falta de inteligencia. Es biología.

En banca privada se habla mucho de diversificación, de asignación de activos, de fiscalidad. Pero rara vez explicamos a nuestros clientes lo más importante: su cerebro. No como cliente, sino como ser humano. Con emociones, miedos y experiencias que influyen en sus decisiones. Conocerse a uno mismo es el primer paso para invertir con éxito. Saber cómo reacciona uno ante la incertidumbre. Reconocer los propios sesgos. Y, sobre todo, aceptar que no siempre somos racionales, pero que podemos prepararnos para actuar con más claridad.

Tomarse una pausa

El reto no es evitar las emociones sino no actuar bajo su influencia directa. Es poder decir: “Estoy sintiendo miedo, lo reconozco. Puedo estar a punto de reaccionar de manera irracional, ¿estoy reaccionando o estoy decidiendo? ¿estoy buscando seguridad o rentabilidad financiera?”. Esa pausa, ese momento de reflexión, puede marcar la diferencia entre proteger y destruir nuestro patrimonio.

En un mundo que premia la rapidez, hacer una pausa puede parecer un lujo. Pero en inversión es una herramienta muy poderosa. Esa pausa reactiva “el segundo cerebro”, el racional. Le permite analizar el panorama completo, considerar alternativas o decidir consultar con su asesor.

Y ahí es donde nosotros podemos ayudar

Un buen asesor financiero no solo recomienda servicios o productos. No se dedica sólo a los números y sabe que los mercados no son tan eficientes como se piensa.

Escucha, observa, e intenta objetivar las situaciones para que el cliente pueda analizar la situación con más objetividad. En momentos de volatilidad, no debe ser solo un experto en mercados, sino también un guía emocional. Alguien que recuerde al cliente que el miedo es natural, pero que no debe ser el capitán del barco. Si conseguimos evitar que nuestros clientes vendan en mínimos, habremos asegurado su patrimonio. Si además conseguimos que no compren en máximos… mucho más.

La economía conductual ahonda en muchos más sesgos que el que hemos mencionado y recomendamos encarecidamente a nuestros clientes leer a Kahneman o a Thaler. En esta ocasión, queríamos centrarnos en el miedo.

El contenido del presente documento tiene una finalidad meramente informativa, no es y no puede considerarse asesoramiento en materia de inversión u opinión legal, no pretendiendo reemplazar al asesoramiento necesario en esta materia y no constituyendo una oferta de compra o venta.

Todas las opiniones y estimaciones facilitadas están elaboradas en base a fuentes consideradas como fiables. No obstante lo anterior, Mutuactivos no puede garantizar que sean exactas o completas y no asume responsabilidad alguna por cualquier pérdida, directa o indirecta, que pudiera resultar del uso de las informaciones facilitadas en este documento.

Mutua Madrileña

Saca partido a tus ahorros como lo hace Mutua Madrileña

Saber más