Publicado por Mutuactivos | 09 de mayo de 2025
La guerra comercial puesta en marcha por la Administración de Donald Trump va tomando forma. El pasado 2 de abril se anunciaron los “aranceles recíprocos” que Estados Unidos quiere aplicar a todos los países del globo. Sin embargo, solo una semana después, el mismo día que entraban en vigor, el republicano decretó una moratoria de 90 días para negociar.
En estos momentos, la incertidumbre es total.
La idea de poner límites a los intercambios comerciales para encarecer los bienes que entran en Estados Unidos y fomentar así la producción dentro del gigante norteamericano no es nueva. Trump insistió en esta premisa durante toda la campaña presidencial y lleva en su ideario desde hace décadas. Sin embargo, la materialización -aunque parcial- de lo que para algunos eran solo amenazas ha tenido consecuencias inmediatas.
Si la victoria del republicano en noviembre disparó un rally alcista en las bolsas, en especial en las norteamericanas, la constatación de que realmente pretende imponer aranceles al comercio mundial ha tenido el efecto contrario. En lo que va de año, el S&P 500 registra una caída el 7% y la del Nasdaq supera el 11%. De hecho, ya se han esfumado todas las ganancias bursátiles desde la celebración de los comicios estadounidenses.
“Aranceles recíprocos”
Donald Trump se refiere una y otra vez a las tarifas que quiere imponer como “aranceles recíprocos”. Para el republicano, el resto del mundo lleva décadas imponiendo cargos a los productos norteamericanos, lo que desequilibra su balanza comercial de bienes. Sin embargo, para Trump esos cargos van desde los propios aranceles reales, hasta impuestos como el IVA.
Que Estados Unidos importe más bienes de los que exporta es para Trump un problema que debe solucionarse con aranceles (“Tariff is the most beautiful word”, dijo el republicano). Además, servirían para aumentar los ingresos de un Estado muy endeudado, otra de las preocupaciones del presidente.
En todo caso, como el problema es el déficit, los aranceles de la Casa Blanca se han diseñado en base a esta magnitud, no en función de los aranceles de otros países. Es decir, el arancel del 20% para la UE no deriva de una tarifa igual del Viejo Continente sobre los bienes estadounidenses, sino del déficit que presenta Estados Unidos en sus intercambios comerciales con esta región.
Caída bursátil
Una de las consecuencias más evidentes de la guerra arancelaria es la volatilidad en los mercados. En los últimos días, se ha hablado de “jueves negro”, “viernes negro” y “lunes negro”. ¿El motivo? Entre el anuncio de los aranceles el miércoles 2 de abril y el martes 8, el S&P 500 cayó un 12,14%. Además, las caídas en el entorno del doble dígito se replicaron en la mayor parte de los parqués mundiales.
Por su parte, el anuncio de paralización de los aranceles -con la excepción de China- este miércoles 9 impulsó una importante subida en las bolsas, aunque no recuperaran todo lo perdido en la última semana.
En todo caso, es evidente que las diversas decisiones en materia arancelaria de la Administración estadounidense han introducido una enorme volatilidad en los mercados. La capitalización de muchas empresas se ha visto perjudicada.
Entre el anuncio de los aranceles el miércoles 2 de abril y el martes 8, el S&P 500 cayó un 12,14%.
¿Recesión?
Más allá de las bolsas, lo cierto es que la guerra comercial preocupa, y mucho, a los economistas, que cada vez ven más posible una recesión en Estados Unidos que, a su vez, podría exportarse al resto del mundo.
“Creo que una recesión es un resultado probable”, alertó esta semana Jamie Dimon, presidente y consejero delegado de JP Morgan. En estos momentos, los economistas de la entidad esperan que el PIB estadounidense se contraiga un 0,3% en 2025. A finales del anterior ejercicio, las previsiones estaban en el entorno del 2%.
Además, Bruce Kasman, economista jefe de JP Morgan, indicaba hace unos días que “el riesgo de recesión de la economía global este año se eleva del 40 al 60%”. Si la principal economía del mundo cae, arrastrará a muchos otros países consigo, en especial a aquellos más conectados en términos comerciales.
Una pausa de 90 días
Solo siete días después de presentar en los jardines de la Casa Blanca los aranceles, Trump anunció este miércoles esa pausa de 90 días. Según el presidente, muchos países quieren negociar con su Administración para rebajar las tarifas y, con la prórroga, lo que hace es dar tiempo a esas conversaciones.
La excepción en esta pausa es China, que ha aceptado el órdago del republicano replicando los aranceles. En estos momentos, las tarifas entre ambos países han escalado por encima del 100%, lo que previsiblemente reducirá los intercambios de bienes entre las dos economías más grandes del mundo a su mínima expresión.
¿Y ahora?
Durante los próximos tres meses, Estados Unidos negociará con cada uno de los países implicados rebajas en los aranceles. Trump pone como condición que esos países rebajen a su vez las tarifas que imponen a los bienes estadounidenses, si bien, como se ha señalado, la definición de “arancel” difiere entre Trump y el resto del mundo.
Regiones como la UE ya tienen preparados aranceles de respuesta para muchos productos norteamericanos, pero a la vez están abiertos a negociar (de ahí que hayan emulado la pausa de 90 días). De hecho, la Comisión Europea abrió esta semana la puerta al libre comercio de bienes industriales a uno y otro lado del Atlántico.
En definitiva, la guerra comercial entre Estados Unidos y el resto del mundo marca un nuevo capítulo en la economía global. Las repercusiones son impredecibles y las negociaciones en curso determinarán el futuro de las relaciones comerciales internacionales. Mientras tanto, las empresas y los mercados deben estar preparadas para un período de incertidumbre y volatilidad.
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