Publicado por Si Lo Hubiera Sabido | 26 de octubre de 2026
China fabrica como pocas economías en el mundo. Coches eléctricos, baterías, paneles solares, tecnología… Su capacidad industrial se ha disparado durante las últimas décadas. Sin embargo, hay algo que contrasta con toda esa fortaleza: dentro del país, las familias siguen consumiendo relativamente poco. No es una casualidad. Tiene mucho que ver con la forma en que funciona el modelo económico chino.
China representa hoy casi el 30% de la producción industrial mundial y alrededor del 15% de las exportaciones. En algunos sectores, su peso es todavía mayor. BYD entregó 4,6 millones de vehículos en 2025 y superó a Tesla como mayor vendedor mundial de coches eléctricos. CATL controla casi el 40% del mercado global de baterías y China concentra más del 80% de la capacidad mundial para fabricar paneles solares.
El ahorro que alimenta la industria
Una de las claves para entender cómo se ha llegado hasta aquí está en el ahorro. Las familias chinas ahorran en torno al 44% del PIB, una de las tasas más elevadas del mundo. Detrás hay varios factores: una red de protección social limitada, las consecuencias demográficas de la política del hijo único y la enorme importancia que ha adquirido la vivienda en propiedad.
Además, las restricciones a los movimientos de capital hacen más difícil invertir ese dinero fuera de China. Buena parte acaba en bancos estatales, que pueden dirigirlo en condiciones favorables hacia los sectores que el país considera estratégicos: vehículos eléctricos, baterías, alta tecnología…
Este sistema ha contribuido a levantar una industria formidable, pero también tiene una contrapartida. El consumo de los hogares apenas ronda el 39% del PIB, frente al 60% o 70% de las economías avanzadas.
Esa es una de las grandes paradojas de China. Por un lado, encontramos fábricas punteras, enormes infraestructuras y empresas capaces de competir por el liderazgo tecnológico mundial. Por otro, millones de familias que ahorran mucho y gastan relativamente poco.
Con menos confianza y menos ingresos, el consumo vuelve a resentirse
La tensión aparece cuando las fábricas aumentan su producción más rápido de lo que crece la demanda. Entonces las empresas tienen que pelear por cada venta y los precios empiezan a bajar. Los márgenes también. BYD es un buen ejemplo: en 2025 volvió a batir récords de ventas, pero su beneficio cayó cerca de un 20%.
Esta dinámica también permite que sigan funcionando las llamadas empresas zombi: compañías que no generan suficiente dinero para cubrir siquiera los intereses de su deuda, pero sobreviven gracias a subvenciones y financiación favorable. Ya representan más del 12% de las empresas cotizadas chinas y, en las tecnologías verdes, se acercan a una de cada tres.
El círculo del bajo consumo
Cuando los márgenes se estrechan, el problema acaba llegando a los trabajadores. Antes de la pandemia, los salarios del sector privado urbano crecían por encima del 8%, mientras que en 2025 ese crecimiento rondaba el 1%. Al mismo tiempo, el desempleo entre los jóvenes que no estudian se mueve alrededor del 16%-17%.
Y a todo esto se suma la crisis inmobiliaria. Durante muchos años, la vivienda representó entre el 60% y el 70% del patrimonio de muchas familias chinas. Con la caída de los precios inmobiliarios, una parte de esa riqueza se está evaporando. Quien se siente menos rico tiende a pensárselo más antes de gastar.
Así se forma un círculo difícil de romper: las familias consumen poco, las empresas bajan precios para poder vender, sus beneficios se reducen y aumenta la presión sobre los salarios y el empleo. Con menos confianza y menos ingresos, el consumo vuelve a resentirse.
Pekín quiere romper esa dinámica apoyándose, entre otras cosas, en la inteligencia artificial y la automatización. Si las fábricas son más productivas, podrán recuperar parte de los márgenes perdidos. El problema es que automatizar también puede significar necesitar menos trabajadores, justo cuando el empleo y los salarios son fundamentales para estimular el consumo.
Hasta ahora había otra salida: exportar. Durante años, los mercados internacionales han absorbido buena parte de lo que China producía y no consumía internamente. Pero esa vía se está complicando a medida que aumentan las barreras comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea. Y aquí está probablemente una de las grandes incógnitas para los próximos años.
En todo caso, y a pesar de todos estos desequilibrios, el año pasado China creció un 5% al tiempo que alcanzaba el mayor superávit comercial de su historia y consolidaba su control sobre buena parte de las cadenas de producción que serán fundamentales en el siglo XXI.
Queda entonces la duda de si China será capaz de mantener semejante músculo industrial sin conseguir que sus ciudadanos consuman más. Y, sobre todo, qué podría ocurrir si el resto del mundo deja de absorber una parte de todo lo que produce. De todo esto hablamos en el nuevo episodio de Si Lo Hubiera Sabido, el canal de información financiera de Mutuactivos.
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