Mutua Madrileña
Comunicación Corporativa
Descubre cómo los nuevos semáforos inteligentes con sensores e inteligencia artificial mejoran la seguridad vial, optimizan el tráfico y hacen las ciudades más seguras y eficientes.
Poco a poco, los tradicionales semáforos van a ir desapareciendo y serán reemplazados por modelos que se basan en Sistemas Inteligentes de Transporte (SIT). Herramientas avanzadas que combinarán datos en tiempo real, sensores e inteligencia artificial con la finalidad de modernizar la circulación en las ciudades y las carreteras españolas. Su ampliación tendrá un impacto de forma progresiva en la organización del tráfico en toda clase de vías urbanas del país.
En la práctica los SIT incorporan diversas tecnologías cuyo propósito es obtener, procesar y compartir información sobre el estado del tráfico de manera instantánea. El objetivo es aumentar la seguridad vial, dar mayor fluidez a los desplazamientos, reducir, lo máximo posible las retenciones, y mejorar así la coordinación entre vehículos e infraestructuras. Con esta norma, que procede directamente de la Unión Europea y que, por tanto, hay que transponer, la Administración sitúa a estos sistemas como un instrumento clave en la evolución de la movilidad inteligente.
Por partes. La entrada en vigor de esta normativa no significa la desaparición de los semáforos tradicionales, que forman, desde hace décadas, parte de nuestro paisaje urbano, por semáforos inteligentes. Se trata de la bandera de salida hacia la modernización. El propósito es cambiar de forma gradual los mecanismos basados en programaciones fijas por respuestas más avanzadas, conectadas y capaces de adaptarse de una manera automática a una circulación que cambia constantemente. O sea, versatilidad frente a rigidez.
La medida, desde el punto de vista legal, está recogida en el Real Decreto 450/2026, publicado el pasado 3 de junio, con esa propuesta de fondo que conlleva modernizar las infraestructuras de transporte. Como hemos visto, los cambios se harán poco a poco y resulta muy interesante entender, en el día a día, qué posibilidades tangibles aportan.
El objetivo es aumentar la seguridad vial, dar mayor fluidez a los desplazamientos, reducir, lo máximo posible las retenciones, y mejorar así la coordinación entre vehículos e infraestructuras
La parte práctica ayuda a despejar las dudas. En el futuro, estos sistemas incorporarán herramientas como cámaras de visión artificial, sensores, radares, tecnología LíDAR y algoritmos de inteligencia artificial. Estas tecnologías de vanguardia podrán detectar la presencia de vehículos, peatones o ciclistas, predecir situaciones de emergencia y las famosas luces verdes y rojas, hasta ahora con tiempos fijos, podrán adaptarse según las necesidades de cada momento. Habrá menos congestión, la señalización verde se mantendrá más tiempo y viceversa (acorde a las necesidades) e incluso estas tecnologías posibilitan detectar situaciones de riesgo en la que pueden verse envueltos, antes de que ocurran, peatones, ciclistas o vehículos.
La transformación es de enormes dimensiones si se tiene en cuenta que, por sí sola, la Dirección General de Tráfico (DGT), cuenta con una sólida red de infraestructuras, en la que según el propio organismo, las carreteras interurbanas ya disponen de 12.000 kilómetros de fibra óptica y unos 10.000 dispositivos de monitorización (lectores de matrículas, cámaras y estaciones meteorológica) que recogen información de manera constante.
Desde luego, esta regulación será un sustento esencial para la futura llegada de los vehículos autónomos. Estos automóviles necesitarán antes de desplazarse conocer la condición de la red, dónde podría haber problemas o las intersecciones de las propias redes. La instalación de estos semáforos exigirá su tiempo: no será algo que veremos de forma automática. La normativa de Bruselas fija las bases jurídicas para su desarrollo, pero aún serán necesarias que las Administraciones delimiten los planes de financiación, los calendarios concretos y las actuaciones específicas que hagan posible extender estas tecnologías por las ciudades y carreteras españolas.
El punto de partida son las tecnologías de vanguardia, así que conocerlas resulta esencial para entender estos semáforos inteligentes. Estos nuevos instrumentos contarán con cámaras equipadas con sistemas de visión artificial y sensores de radar, también de la, cada vez más conocida, tecnología LiDAR, capaz de identificar objetos y calcular distancias mediante emisiones de láser, los SIT (ya los hemos recorrido).Y cierra el viaje las plataformas de comunicación V2X (en español, Vehículo para todo) cuya función es conectar de manera permanente los vehículos con las infraestructuras viarias y otros elementos del entorno.
Estas tecnologías de última generación ya están siendo probadas en diversas ciudades. Málaga es una de ellas. Se ha creado un espacio de ensayo al aire libre y un laboratorio equipado con red privada 4G y 5G y también se han puesto a prueba las llamadas de emergencia y las alertas ante posibles colisiones en cruces, avisos por obras o congestión del tráfico. Además, se prueban las cámaras de visión artificial, radares, sensores y algoritmos de inteligencia artificial que transcurren de forma paralela, por ejemplo, a la detección de la densidad del tráfico o la presencia de peatones o ciclistas.
En la capital de España se está dedicando mucho interés en los tiempos. En zonas como el entorno del Metropolitano, la calle princesa y los puentes sobre el Manzanares, los peatones pueden incrementar su tiempo de paso de 25 a 80 segundos y los ciclistas no necesitan ya pulsar ningún botón: las cámaras se ocupan de detectar su llegada y adaptar la señalización. Más al norte de Madrid, en Zaragoza, se trabaja en un mecanismo que identifica la intención de cruzar una calle antes, incluso, que el peatón pulse la calzada. Mientras Barcelona trabaja en modelos predictivos que permiten anticipar episodios de congestión con una antelación incluso de media hora para reorganizar la red de semáforos y minimizar los colapsos. Todo gracias a una sencilla ecuación, la que relaciona la distancia y la velocidad: el tiempo.
“En definitiva, la clave no está solo en que una cámara, un sensor o un algoritmo detecten peatones, ciclistas o coches y cambien mejor los tiempos. La clave radica en quién define los objetivos del sistema. No es lo mismo optimizar para que pasen más coches que optimizar para reducir emisiones, proteger a los peatones, dar prioridad al transporte público, mejorar la seguridad de los ciclistas o favorecer una ciudad más habitable. Ahí está la diferencia entre digitalizar la movilidad y simplemente automatizar los viejos sesgos de la ciudad pensada para el automóvil”, reflexiona el tecnólogo, Enrique Dans.
Además, estos sistemas generarán muchos datos sobre flujos urbanos, comportamientos, matrículas, peatones o bicicletas, y por tanto deben diseñarse desde el principio con criterios de privacidad, minimización de datos, auditoría, interoperabilidad, ciberseguridad y posibilidad de supervisión humana.
“Un semáforo inteligente no puede convertirse en una caja negra conectada a la vía pública. Tiene que ser explicable, auditable y gobernado con criterios públicos”, indica Dans.
La oportunidad es enorme, pero el debate importante no es solo tecnológico: es urbano, político y ético. La inteligencia no debería estar únicamente en el algoritmo, sino en el modelo de ciudad que decidamos construir con él.