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Seguridad en el hogar

La tecnología que nos permite dejar la casa sola en verano y viajar con total seguridad

Los robos y los fallos de pequeños electrodomésticos podrían evitarse con soluciones y gadgets para el hogar.

  • 10 de junio de 2026
  • 2 minutos

Salir de vacaciones nos suele provocar ciertas inseguridades: ¿cerré bien la puerta?, ¿se notará que la casa está vacía?, ¿qué pasa si una tubería revienta o si hay un cortocircuito? Los meses de verano concentran un aumento notable de los robos en domicilios y también de los pequeños desastres domésticos, así que muchos hogares buscan soluciones que les permitan irse tranquilos. Una opción muy completa es contratar una alarma profesional con monitorización 24 horas a través de MutuaMás y, sobre esa base, pueden ir añadiéndose dispositivos asequibles para sumar capas extra de seguridad y de paz mental. Te contamos cuáles son los más útiles.

El verano es la época en la que se produce mayor número de robos y de desastres domésticos en los domicilios.

Cámaras de videovigilancia con inteligencia artificial. Lo realmente novedoso de estos dispositivos no es la imagen, que casi siempre llega ya en alta definición y con visión nocturna, sino el software que la interpreta. Los algoritmos actuales distinguen entre una persona, un coche, un animal o el simple movimiento de una rama, lo que reduce drásticamente las falsas alarmas. Permiten definir zonas privadas que no se graban, activar la alerta solo cuando detectan un patrón humano y enviar al móvil una notificación con un fragmento del vídeo, listo para validar o descartar en segundos. Algunas incorporan sirena y luces para disuadir al intruso antes de que llegue a la puerta, y se instalan sin obra porque funcionan por WiFi y se gestionan desde una aplicación móvil.

A la vigilancia visual se suman los sensores que detectan lo que el ojo no ve. Los detectores inteligentes de inundación se colocan junto a lavadoras, calderas y bajantes, y avisan al móvil en cuanto perciben humedad o un cambio brusco de temperatura. Existen versiones para gas natural y monóxido de carbono que se activan antes de que la concentración resulte peligrosa, y otras que se conectan con una electroválvula motorizada para cerrar el suministro a distancia desde el teléfono. Un sensor cuesta poco más de veinte euros, no requiere instalación profesional y previene daños que podrían suponer un gasto muy superior. Para una casa que va a quedarse semanas vacía, es una inversión más que razonable.

La sensación de hogar habitado es otro frente que la domótica resuelve bien. Las bombillas y los enchufes inteligentes permiten programar rutinas variables para encender una lámpara del salón al anochecer, simular un televisor durante un rato o activar una radio en momentos puntuales. La aleatoriedad es clave: encender la luz a la misma hora cada día es casi tan revelador como dejar la casa a oscuras. Algunas persianas motorizadas pueden subirse y bajarse de forma programada para imitar el ritmo real de la vivienda. Lo importante es que el patrón sea creíble, no espectacular.

La cerradura inteligente y el videoportero WiFi completan el círculo. La primera permite dar acceso temporal a un familiar o a un vecino que recoja el correo, con un código que se anula al volver. El segundo convierte la puerta en una mirilla virtual. Cualquier llamada se atiende desde el móvil con vídeo en directo, lo que disuade a quien intenta comprobar si hay alguien en casa antes de forzar la entrada. Buena parte de los robos se produce, de hecho, después de un timbrazo previo, y una respuesta en remoto ahuyenta al ladrón sin que se entere de nada.

Toda esta tecnología depende del internet doméstico, así que conviene asegurar el router con una contraseña sólida y no descuidar la primera línea de defensa, que sigue siendo la tradicional: avisar a un vecino, no anunciar el viaje en redes sociales y revisar bien el cierre de ventanas.

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