Las gafas de realidad virtual que te ayudan a superar el miedo a las agujas

Las gafas de realidad virtual que te ayudan a superar el miedo a las agujas

Hoy en el Blog ÓN conoce las gafas de realidad virtual que están combatiendo el miedo a las agujas.

  • 21 de abril de 2026
  • 2 minutos

Hay personas a las que una extracción de sangre o una vacuna les incomoda. Y luego están quienes empiezan a ponerse nerviosos horas antes, sudan, se marean o incluso cancelan la cita. Ahí ya no se habla de simple aprensión, sino de belonefobia o trypanofobia, el miedo intenso a las agujas y a los procedimientos médicos que las implican. Afortunadamente, empiezan a abrirse paso soluciones que no evitan el pinchazo, pero sí pueden cambiar por completo la forma de vivir ese momento. Entre ellas destacan unas gafas de realidad virtual que están empezando a utilizarse como apoyo frente a este tipo de miedo. 

No se trata, ni mucho menos, de una rareza. La belonefobia afecta al menos a 1 de cada 10 personas, y Harvard Health recuerda que el miedo a las agujas puede llegar a afectar hasta al 25% de los adultos, hasta el punto de que algunas personas evitan vacunas, análisis o tratamientos por esa causa. 

Lo curioso es que este miedo no siempre se manifiesta como una ansiedad “normal”. En muchas personas aparece la clásica reacción de mareo o desmayo: primero suben el pulso y la tensión, y después caen de golpe. Es una respuesta vasovagal, y explica por qué hay quien no solo teme la aguja, sino también la sensación de perder el control delante del personal sanitario. 

Ahí entra en escena la realidad virtual (RV). La idea es bastante sencilla: si el cerebro se mete de lleno en otro entorno: un paisaje, un juego o una experiencia inmersiva guiada, presta menos atención a la aguja, anticipa menos dolor y reduce parte de la ansiedad que rodea al procedimiento. Johns Hopkins All Children’s Hospital explica precisamente que la realidad virtual ayuda a disminuir cuánto dolor siente el paciente y cuánto se fija en ese dolor, y la utiliza como apoyo para manejar miedo y malestar en entornos clínicos. 

Ese efecto no se basa solo en distraer. En algunos casos, la RV funciona como una especie de refugio sensorial: baja el ruido mental, guía la respiración, ofrece imágenes agradables y da al paciente una mayor sensación de control. En otros, va un paso más allá y se utiliza como herramienta terapéutica para trabajar la fobia de forma gradual, segura y repetida. Esa es una de las razones por las que cada vez aparece más en hospitales y ensayos clínicos: no exige sedación, no duele y puede integrarse con relativa facilidad en la práctica médica

La belonefobia afecta al menos a 1 de cada 10 personas, y puede llegar a afectar hasta al 25% de los adultos, hasta el punto de que algunas personas evitan vacunas, análisis o tratamientos por esa causa.

Lo más interesante es que esta tecnología ya no se está usando solo para hacer más llevadero un procedimiento, sino también para tratar la propia fobia. Ahí encaja el proyecto desarrollado en la Universidad de Northampton, que combina realidad virtual e inteligencia artificial para llevar al entorno digital una terapia ya conocida en salud mental: la EMDR, utilizada para trauma, ansiedad y fobias. La idea del equipo investigador es que el paciente pueda trabajar su miedo en un entorno inmersivo, incluso desde casa, con apoyo remoto. 

Según la universidad, el prototipo empezó a desarrollarse a comienzos de 2024 con el objetivo de ofrecer una vía más rápida, accesible y rentable para personas que hoy esperan mucho tiempo para recibir ayuda. En la información difundida por Northampton, el estudio realizado con 17 participantes a lo largo de 85 sesiones mostró mejoría en el 76% de los casos según la escala IAPT para fobias, y en el 94% según otra escala de gravedad que medía pensamientos, emociones y conducta. 

Que la realidad virtual funcione especialmente bien con el miedo a las agujas tiene, además, bastante lógica: en esta fobia, el miedo se activa antes de que ocurra nada. No hace falta dolor real para que aparezca la reacción; a veces basta con ver la jeringa, imaginar la extracción o recordar una mala experiencia. Por eso esta tecnología tiene tanto sentido aquí: puede intervenir justo en ese momento previo, cuando la mente empieza a disparar todas las alarmas. 

En niños y adolescentes, por ejemplo, ya hay datos interesantes. Un estudio de Johns Hopkins con pacientes sometidos a venopunción encontró que quienes jugaron con realidad virtual durante el procedimiento tuvieron menos dolor y menos ansiedad, aunque el proceso tardó unos minutos más por cuestiones técnicas. 

Eso sí, conviene no presentar estas gafas como una solución milagrosa. Cuando existe una fobia intensa, la realidad virtual no sustituye por sí sola a terapias psicológicas como la terapia cognitiva conductual (TCC), pero sí puede convertirse en una herramienta nueva para hacer ese proceso más soportable, más atractivo y, quizá, más accesible. 

También hay límites prácticos. No todo el mundo tolera igual las gafas de realidad virtual. De hecho, no siempre se recomiendan en personas con antecedentes de mareo por movimiento, migraña, convulsiones o ciertos problemas oculares y faciales.

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