Así se utiliza la realidad virtual en los quirófanos

Así se utiliza la realidad virtual en los quirófanos

La realidad virtual está haciendo realidad el quirófano del futuro. Te lo contamos en el Blog ÓN. 

  • 26 de diciembre de 2025
  • 2 minutos

Si el quirófano del siglo XX se reinventó con la anestesia y la radiología, el del siglo XXI empieza a hacerlo con gafas, cascos y modelos 3D. Gafas que permiten “ver” huesos y vasos sanguíneos como si el cirujano tuviera rayos X, operaciones tutorizadas desde el sofá de casa y pacientes que se pasean virtualmente por su propio cerebro antes de entrar en el quirófano. Hablamos de la realidad virtual RV y aumentada RA.  

Estas dos tecnologías tan punteras ya se han colado en los hospitales y están empezando a cambiar la manera de operar, formar a los médicos y explicar las intervenciones. Hacen en esencia dos cosas distintas y complementarias. La realidad aumentada (RA) superpone imágenes médicas, como TAC, resonancias, radiografías sobre el cuerpo real del paciente. El cirujano, a través de unas gafas inteligentes, puede ver proyectados huesos, nervios o tumores exactamente dónde están mientras trabaja. La realidad virtual (RV), en cambio, crea un quirófano totalmente simulado en el que se puede ensayar una operación compleja tantas veces como haga falta, igual que un piloto practica en un simulador de vuelo. Juntas permiten planificar mejor, operar con más precisión y aprender sin poner en riesgo a ningún paciente. 

Uno de los ejemplos más avanzados de RA son las gafas Foresee-X, desarrolladas por la compañía taiwanesa Surglasses. Se trata de un sistema que proyecta en tiempo real imágenes de TAC, radioscopia o endoscopia directamente en el campo de visión del cirujano, de modo que no tiene que apartar la vista hacia monitores externos. Esa “capa” digital sirve de GPS anatómico: ayuda a colocar tornillos en la columna con precisión milimétrica, acorta el tiempo de cirugía y reduce la necesidad de radiografías intraoperatorias, lo que implica menos radiación para todo el equipo.  

En la misma línea trabajan sistemas como “xvision”, de la empresa estadounidense Augmedics, que ya se ha utilizado en más de diez mil cirugías de columna en Estados Unidos. Este casco de RA permite al especialista ver una reconstrucción 3D de la anatomía del paciente “flotando” sobre el cuerpo real, guiando la trayectoria de cada implante como si el cirujano dispusiera de una vista transparente del interior.  

La realidad virtual no solo sirve para cirujanos: también está cambiando la experiencia de los pacientes.

España también se está situando en este mapa. La salmantina ARSOFT ha desarrollado LAIA XR, una plataforma de planificación quirúrgica que combina inteligencia artificial y realidad extendida. El software carga las imágenes de TAC o resonancia y, en cuestión de minutos, las transforma en modelos tridimensionales segmentados por órganos y estructuras. El cirujano puede “entrar” en ese modelo con gafas de RV o RA, estudiar el caso desde todos los ángulos y diseñar la estrategia antes de pisar el quirófano; durante la operación, tiene la posibilidad de consultar esas mismas imágenes en tiempo real. La herramienta ha sido validada con más de 2.000 pacientes y ya se usa en hospitales de referencia, donde los especialistas destacan que mejora la comprensión anatómica y reduce márgenes de error.  

El siguiente paso es aprovechar esta inmersión para romper barreras físicas. El Hospital Germans Trias i Pujol, en Badalona, ha sido pionero en Europa al realizar una cirugía robótica de urgencias supervisada de forma inmersiva a distancia. En una apendicitis complicada, el cirujano experto se conectó desde su casa con unas gafas de realidad mixta: veía en 360 grados el quirófano, accedía a la visión tridimensional del robot Da Vinci y podía guiar a la cirujana que estaba a los mandos, indicándole cómo recolocar los brazos robóticos o por dónde avanzar. El resultado fue una operación segura y, de paso, una demostración de cómo estas herramientas permiten tutorizar a profesionales menos experimentados en tiempo real, incluso en situaciones en las que el tiempo apremia.  

La realidad virtual no solo sirve para cirujanos: también está cambiando la experiencia de los pacientes. En Stanford Medicine, por ejemplo, un sistema desarrollado junto al startup Surgical Theater combina TAC, resonancias y angiografías para generar modelos tridimensionales del cerebro. Médicos y pacientes se colocan unas gafas de RV y pueden “viajar” por dentro de esa anatomía, localizar un aneurisma o un tumor y ver por dónde se accederá durante la intervención. La misma plataforma se utiliza para entrenar residentes y para planificar la operación en un laboratorio de simulación antes del día clave, lo que facilita abordajes más seguros y reduce sorpresas en el quirófano.  

Los estudios que analizan estas soluciones combinadas de RA y RV apuntan a beneficios claros: mejor orientación espacial, menos errores en la colocación de implantes, cirugías más cortas y menor exposición a radiación, además de una curva de aprendizaje más rápida para los especialistas jóvenes. La posibilidad de practicar un caso complejo sobre el “gemelo digital” de cada paciente permite anticipar complicaciones y elegir el abordaje más conservador posible. 

No todo son ventajas inmediatas: el coste del hardware, la formación de los equipos y la integración con los sistemas de cada hospital siguen siendo barreras, sobre todo en centros pequeños, y la regulación y la protección de datos obligan a avanzar con cautela. Aun así, como ocurrió con la cirugía robótica, la realidad virtual y aumentada han dejado de ser un simple gadget para convertirse en un nuevo sentido al servicio del cirujano: una capa extra de información que le ayuda a ver mejor, planificar con más rigor y explicar al paciente, con imágenes claras, qué va a ocurrir en su cuerpo. 

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