Mutua Madrileña
Comunicación Corporativa
La fatiga digital es el cansancio físico y mental que provoca el uso prolongado e intensivo de dispositivos
Dormimos las mismas horas que antes y, aun así, muchos acabamos la jornada con la sensación de haber corrido una maratón sin levantarnos de la silla. A menudo el problema no está en la noche, sino en cómo pasamos el día: pendientes de la pantalla del ordenador, del móvil o de la siguiente notificación. Se llama fatiga digital y, paradójicamente, la propia tecnología ofrece algunas de las mejores herramientas para combatirla.
La fatiga digital es el cansancio físico y mental que provoca el uso prolongado e intensivo de dispositivos. No se limita a los ojos irritados o al dolor de cuello. Lo que más desgasta es el esfuerzo invisible de estar siempre disponibles: saltar de una aplicación a otra, contestar mensajes mientras se escucha una reunión y retomar una y otra vez la tarea interrumpida. Por eso dormir bien no siempre basta. Al día siguiente, el desgaste vuelve a empezar.
Según el Work Trend Index que Microsoft publicó en 2025, basado en una encuesta a 31.000 trabajadores de 31 países y en datos de uso de sus herramientas, un empleado sufre una interrupción cada dos minutos, unas 275 al día, y recibe 117 correos y 153 mensajes diarios. El 40% revisa el correo antes de las seis de la mañana, y las reuniones después de las ocho de la tarde han crecido un 16% en un año. La compañía lo llama «la jornada infinita». Mientras tanto, según la psicóloga Gloria Mark, de la Universidad de California en Irvine, el tiempo que mantenemos el foco frente a una pantalla ha pasado de dos minutos y medio en 2003 a 47 segundos.
Las videollamadas suman su propia carga. Jeremy Bailenson, de la Universidad de Stanford, atribuye la llamada fatiga por Zoom al contacto visual constante, a vernos a nosotros mismos todo el tiempo, a la falta de movimiento y al esfuerzo de interpretar gestos a través de una cámara. Propone ocultar la propia imagen, alejar la cámara para poder moverse y alternar con ratos solo de audio. Las pausas también cuentan. El laboratorio de factores humanos de Microsoft comprobó con electroencefalogramas que dos horas de reuniones seguidas disparan de forma acumulativa las ondas asociadas al estrés, y que diez minutos de descanso bastan para frenarlas. Outlook permite, de hecho, que las reuniones terminen cinco o diez minutos antes de la hora.
El tiempo que mantenemos el foco frente a una pantalla ha pasado de dos minutos y medio en 2003 a 47 segundos
La buena noticia es que la misma tecnología que nos dispersa trae de serie herramientas para recuperar la concentración. El primer aliado está en el bolsillo. Los móviles Android incluyen el panel de Bienestar digital, que muestra cuánto tiempo pasamos en cada aplicación y permite fijar límites diarios, activar un modo concentración que pausa las apps que distraen y programar un modo descanso que silencia el teléfono y lo pasa a escala de grises por la noche. En el iPhone, Tiempo de uso ofrece controles parecidos, y los modos de Concentración filtran quién puede avisarnos según estemos trabajando, conduciendo o en casa. El resumen programado agrupa las notificaciones menos urgentes y las entrega a las horas que elijamos, en lugar de a cuentagotas. En el ordenador, Windows 11 incorpora sesiones de concentración que silencian los avisos durante un tiempo definido.
Para quien necesite un empujón extra existen aplicaciones diseñadas para proteger el foco. Forest planta un árbol virtual que crece mientras no tocamos el móvil y se marchita si lo hacemos. Freedom bloquea a la vez en el ordenador y el teléfono las webs y apps que elijamos durante las horas de trabajo. Y cualquier temporizador sirve para aplicar la técnica Pomodoro, que alterna bloques de 25 minutos de trabajo concentrado con cinco de descanso.
La inteligencia artificial puede aligerar parte de la carga. Copilot, en Teams, resume reuniones y recoge las tareas pendientes, lo que permite no asistir a todas. Gemini hace lo propio con los hilos de correo en Gmail, y Microsoft Viva Insights reserva automáticamente en el calendario bloques de concentración libres de reuniones. Conviene, eso sí, usarla con criterio. Según una encuesta de Upwork a 2.500 trabajadores y directivos de Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá, el 77% de los empleados que usan IA asegura que estas herramientas han aumentado su carga de trabajo, pese a que el 96% de los directivos esperaba lo contrario. La clave está en emplearla para eliminar tareas, no para añadir otras nuevas.
El cuerpo también necesita su propia desconexión. La Academia Americana de Oftalmología recomienda la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos algo situado a unos seis metros, porque frente a la pantalla parpadeamos menos y la vista se reseca y se fatiga. Hay apps y extensiones gratuitas que lo recuerdan con un aviso.
En definitiva, la tecnología nos acompaña todo el día, pero se puede configurar para que trabaje a nuestro favor. Silenciar, agrupar y programar no cuesta más que unos minutos en los ajustes del móvil.