Mutua Madrileña
Comunicación Corporativa
Hoy en el Blog ÓN conoce en que consiste la metodología de moda: el time blocking.
Controlar el tiempo que dedicamos a cada una de nuestras obligaciones diarias, asignar a cada tarea los minutos necesarios para llevarla a cabo, priorizar lo importante, mantener la concentración, no procrastinar. En esto consiste el time blocking. Esta metodología no consiste en trabajar más horas, sino en optimizar el tiempo programando la jornada de antemano. En su versión más simple, se trata de dividir el día en bloques de tiempo y asignar a cada bloque una tarea concreta o un tipo de tarea: escribir un informe, preparar una reunión, contestar correos, hacer llamadas, completar tareas administrativas y, por supuesto, también descansar.
Como casi todo lo novedoso, esta idea se inspira en un modelo vigente pero muy antiguo: el horario académico. Se define como un método para mejorar la productividad y esquivar la trampa de la multitarea, precisamente porque cada bloque está dedicado a una sola cosa. Y aquí conviene detenerse, ya que la multitarea no suele ser hacer dos cosas a la vez, sino saltar de una a otra. La Asociación Americana de Psicología ha estudiado durante años el coste de esos cambios de contexto, llegando ala conclusión de que incluso las interrupciones breves generan “peajes” cognitivos y pueden comerse una parte importante del tiempo productivo.
La ciencia aporta datos a esta realidad. Estudios de la Universidad de California, Irvine, ha concluido que, tras una interrupción, podemos tardar alrededor de 20–25 minutos en recuperar plenamente el foco en la tarea original. Si tu mañana está salpicada de notificaciones, microencargos, y consultas improvisadas, el time blocking actúa como un cortafuegos que no elimina lo imprevisto, pero le pone límites.
Se define como un método para mejorar la productividad y esquivar la trampa de la multitarea, precisamente porque cada bloque está dedicado a una sola cosa.
¿Cómo se implementa esta metodología? El primer paso consiste en auditar tu realidad. Durante dos o tres días, anota en qué se te va el tiempo, aunque sea de forma aproximada. Con esos datos, agrupa tareas por familias (administrativas, comunicación, trabajo profundo, reuniones…) y decide cuáles merecen bloques largos y cuáles pueden resolverse en tandas cortas.
Después, bloquea primero lo no negociable, como citas, reuniones o entregas. A continuación, reserva tus horas de mayor energía para lo importante de verdad. Ese trabajo que requiere concentración y continuidad. El escritor y profesor Cal Newport, uno de los divulgadores contemporáneos más conocidos del método, utiliza el término de trabajo profundo y defiende planificar el día asignando tiempo específico a lo que importa y ajustando el plan cuando la realidad lo requiere. Su clave no es la rigidez, sino la intención de que cada tramo del día tenga un trabajo asignado.
Un time blocking sostenible también incluye tres piezas que la mayoría olvida. La primera son las transiciones. Pasar de una tarea a otra no es instantáneo. Deja cinco o diez minutos entre bloques o agrupa tareas similares para reducir cambios. La segunda, los “colchones” para imprevistos. Un bloque diario de 30 a 60 minutos para urgencias evita que el primer incendio te destruya el resto del guion. La tercera: descanso programado. No como premio moral, sino como parte del rendimiento. Si el calendario solo contempla producir, acabará imponiendo pausas por agotamiento.
Un error típico es planificar de manera rígida, con bloques perfectos y sin margen, donde un primer desvío provoca el abandono del plan. La solución es revisar y reescribir. Al final del día o de la semana, mira qué bloques se cumplieron, cuáles no, y por qué. Ajusta estimaciones, mueve tareas y protege mejor los tramos de concentración. Como resultado tendrás menos sensación de estar apagando fuegos y más control de la agenda. En definitiva, más productividad y más motivación. En muchas ocasiones, los problemas de ansiedad laboral no son consecuencia del exceso de trabajo o de circunstancias puntuales como el final de un período vacacional, sino de una mala gestión del tiempo.