Cuando el frío empieza a aflojar y apetece más abrir las ventanas que buscar la manta del sofá, la casa también necesita su propia “salida del invierno”. Pasamos de radiadores y estufas a aire acondicionado y ventiladores, empezamos a usar de nuevo la terraza, guardamos alfombras y edredones… y todo eso es una buena excusa para hacer una revisión en condiciones. No solo de limpieza: también de seguridad y de pequeños desgastes que el invierno deja escondidos.
Al final no se trata de convertir tu casa en un escaparate perfecto, sino en un sitio que funcione bien cuando llegue el calor. Para eso, basta con dedicar una o dos mañanas a repasar algunos puntos clave de la vivienda. Así pillas a tiempo humedades, enchufes castigados por los calefactores, filtros de aire sucios o desagües atascados, que son los que luego dan la lata en pleno julio.
Esta es la “lista de tareas” que merece la pena tener en cuenta:
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Instalación eléctrica y enchufes “castigados” En invierno solemos enchufar más cosas: radiadores eléctricos, mantas, deshumidificadores… Conviene revisar las regletas que han estado siempre a tope, enchufes que se calientan o huelen raro y cables con el plástico cuarteado. Si ves chispazos, zonas ennegrecidas o la palanca del diferencial salta con frecuencia, toca llamar a un electricista. Las guías de mantenimiento del hogar recuerdan que revisar cuadro eléctrico, diferenciales y fusibles reduce mucho el riesgo de incendio en vivienda.
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De la calefacción al aire acondicionado Antes de olvidar la caldera hasta octubre, revisa la presión, purga radiadores si no lo hiciste y apunta la fecha de la última revisión. Y, muy importante, pon a punto el aire acondicionado antes de la primera ola de calor: limpia o cambia filtros, aspira las rejillas interiores y, si hace años que nadie la revisa, pide una limpieza profesional del split o del conducto. Varios especialistas aconsejan comprobar su estado antes del verano para evitar averías y mejorar la calidad del aire interior.
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Ventanas, puertas y persianas El invierno suele señalar los puntos flojos del aislamiento: puertas que cierran mal, ventanas por donde se colaba el frío… Ahora es buen momento para ver si las gomas están mordidas, si hay condensación habitual en ciertos cristales o si las persianas suben y bajan sin engancharse. Distintas guías de eficiencia señalan que unas juntas deterioradas pueden disparar las pérdidas de energía de la vivienda. Unos burletes nuevos y un engrase de guías y recogedores suelen ser soluciones sencillas y baratas.
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Ventilación y calidad del aire Tras meses de ventilar menos, conviene “resetear” el aire de casa: abrir ventanas a tope unos minutos al día y revisar que las rejillas de ventilación de cocina y baños estén despejadas y limpias. Piensa que para que una vivienda sea saludable no hay que tapar nunca estas rejillas, porque son clave para evitar acumulaciones de humedad y gases. Un buen repaso con aspirador y bayeta jabonosa suele ser suficiente.
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Humedades, tejado y canalones Si has tenido temporales de lluvia o nieve en tu zona, mira techos y paredes en busca de manchas nuevas, pintura abombada o rodapiés hinchados. Recuerda que los canalones atascados y las tejas movidas son un clásico después del mal tiempo y una de las causas más habituales de filtraciones. Si vives en comunidad, conviene avisar al administrador si detectas algo raro en zonas comunes o azoteas.