Incendios IA
Medio ambiente

Conoce cómo la tecnología puede ayudar en la extinción de incendios

La inteligencia artificial es un gran aliado en la lucha contra los incendios y su prevención.

  • 12 de junio de 2026
  • 3 minutos

Las temporadas de incendios forestales se alargan cada verano a causa de las altas temperaturas y las probabilidades de incidentes en entornos urbanos también se complican por la proliferación, entre otros factores, de baterías de litio y vehículos eléctricos. En paralelo, los cuerpos de bomberos llevan tiempo buscando equipamientos más capaces de aliviar esa presión y reducir el riesgo de sus efectivos.

La robótica, la inteligencia artificial y los nuevos materiales están entrando en los parques con una velocidad inédita. Robots autónomos que se internan en el frente del fuego, drones que vuelan dentro del humo, sensores que detectan un foco antes de que se vea una llama, prendas que soportan temperaturas extremas... Una buena parte de estas innovaciones ya se está probando en España. Estos son algunos de los avances más interesantes.

La robótica, la inteligencia artificial y los nuevos materiales están entrando en los parques de bomberos como un aliado más para ayudar en la rápida detección y contingencia de incendios.

El "perro bombero" presentado por el ITCL Centro Tecnológico de Castilla y León en el I Congreso Internacional de Digitalización Forestal representa muy bien una nueva generación de robots diseñados para ayuda de emergencias. Se trata de un robot de cuatro patas equipado con cámara térmica y manguera incorporada que se adelanta a las unidades humanas en los puntos donde el calor o el riesgo de derrumbe desaconsejan la presencia de personas. Detecta focos de calor que el ojo no aprecia, envía datos en tiempo real al puesto de mando y puede operar durante horas en entornos con visibilidad nula. El proyecto está liderado por investigadores españoles y se enmarca en una corriente más amplia de vehículos terrestres no tripulados que, en pruebas internacionales, alcanzan tasas de éxito por encima del 99% en navegación y extinción autónomas.

El segundo gran salto llega desde el aire. Como los utilizados en zonas de conflicto, los drones de última generación son ya una herramienta fundamental para los servicios de emergencia. Soportan temperaturas próximas a los 200 grados, atraviesan cortinas de humo gracias a sus sensores de infrarrojos y combinan dos funciones que antes se cubrían por separado: la vigilancia preventiva y el ataque directo con líquido extintor. En las grandes superficies forestales empiezan a desplegarse en relevos coordinados, de modo que mientras uno descarga, otro de ellos carga en una base cercana, y un tercero mantiene la cobertura sobre el terreno. La NASA está probando, además, modelos preparados para volar de noche, una franja horaria en la que los medios aéreos tradicionales no pueden operar y en la que los incendios suelen ganar terreno.

Sistemas de detección temprana. Apagar un fuego es siempre más caro y lento que evitar que crezca, así que buena parte del esfuerzo tecnológico se está volcando en detectarlo cuanto antes. Las nuevas torres de vigilancia incorporan cámaras de 360 grados con algoritmos capaces de identificar una columna de humo a varios kilómetros y descartar falsos positivos como nieblas o vapor agrícola. A ellas se suman redes de sensores de humo, temperatura y humedad repartidos por el monte, que envían alertas cuando los valores se desvían más de lo esperado. Cruzar estos datos con modelos meteorológicos permite anticipar la dirección del fuego y posicionar los recursos antes de que el aviso llegue por la vía clásica.

Cámaras térmicas portátiles y exoesqueletos. El equipo individual también vive su propia revolución. Las cámaras térmicas, antes voluminosas y caras, se integran ya en los cascos o en pequeños dispositivos de mano que permiten al bombero ver focos ocultos detrás de un tabique, localizar a una víctima inconsciente o identificar la salida de aire respirable en una habitación con humo. A esto se suman los primeros exoesqueletos pensados para tareas de carga y rescate, que reducen el esfuerzo físico al manejar mangueras pesadas o evacuar a una persona, y trajes con membranas avanzadas que aguantan más tiempo expuestos al calor radiante sin comprometer la transpiración.

La tendencia apunta a parques de bomberos mixtos en los que el factor humano dirige y decide, mientras las máquinas asumen las tareas más expuestas y aportan información en tiempo real.

Mutua Madrileña

Comunicación Corporativa