Mutua Madrileña
Comunicación Corporativa
Riesgos y medidas preventivas para evitar intoxicaciones en el hogar
Cada invierno se repite en España un patrón que los servicios de emergencia conocen bien: con el frío aumentan los incendios en viviendas y, con ellos, las intoxicaciones por monóxido de carbono. En 2025 murieron en el país 226 personas por incendios y explosiones, 165 de ellas en su propia casa. Los informes de bomberos y forenses atribuyen esa concentración al frío y al uso de la calefacción.
La causa de la muerte explica buena parte del problema. En los incendios domésticos, el 80 % de las víctimas falleció por inhalar humo y gases tóxicos, no por quemaduras, y muchas probablemente sin llegar a ver las llamas. A esa cifra se suman las intoxicaciones sin fuego de por medio, las que provoca una estufa o un calentador que quema mal en una habitación cerrada. Según estimaciones de neumólogos y autoridades sanitarias, entre 5.000 y 10.000 personas se intoxican cada año en España por esta vía y unas 125 mueren. Los mayores de 65 años son el grupo con mayor mortalidad, y quienes viven solos tuvieron en 2024 un riesgo de morir en un incendio doméstico casi cinco veces superior al de quienes viven acompañados.
Este gas se forma cuando un combustible, ya sea gas, leña, carbón, gasóleo o pellets, arde sin oxígeno suficiente. No tiene olor, color ni sabor y no irrita, de modo que pasa inadvertido. Sus primeros síntomas se confunden con los de una gripe: dolor de cabeza, mareo, náuseas, inestabilidad al caminar. Si la exposición continúa, llega la pérdida de conciencia sin sensación previa de ahogo. Los toxicólogos aconsejan sospechar del aire de la vivienda cuando varias personas sienten a la vez esas molestias o mejoran al salir a la calle. Ante la duda, hay que ventilar, salir de la casa y llamar al 112.
Entre 5.000 y 10.000 personas se intoxican cada año en España por esta vía
No todos los aparatos entrañan el mismo riesgo. Los más peligrosos son los que queman sin salida de humos y vierten todo lo que producen en la estancia: braseros de carbón o picón, hornillos, barbacoas o el horno de la cocina usado para calentar. Los bomberos desaconsejan los braseros de picón y recuerdan que ningún aparato concebido para el exterior debe encenderse dentro de casa. Las estufas de butano y las catalíticas tampoco expulsan los gases fuera, por lo que solo deben funcionar en espacios amplios y ventilados, nunca en dormitorios ni baños y nunca mientras se duerme. Muchos modelos incorporan un dispositivo que corta el gas cuando baja el oxígeno, una protección que no sustituye a la ventilación. Con las chimeneas de bioetanol, que se venden como una llama limpia sin conducto de humos, conviene igual prudencia: un estudio universitario reciente comprobó que, en una habitación cerrada, elevan el dióxido de nitrógeno, el formaldehído y las partículas por encima de los valores de referencia de la Organización Mundial de la Salud.
En un escalón intermedio se sitúan los aparatos con salida de humos. Chimeneas y estufas de leña dependen de que el conducto tire bien, por lo que los bomberos recomiendan limpiarlo una vez al año, quemar leña seca y no usar acelerantes para prender el fuego. Las estufas de pellets de última generación, según mediciones de laboratorio, emiten mucho menos monóxido que una de leña o una chimenea de casete. En calderas y calentadores de gas, el indicador es la llama: debe ser azul, estable y silenciosa; si se vuelve amarilla o anaranjada, hay que avisar a un técnico. Las rejillas de ventilación no deben taparse nunca para conservar el calor.
Los sistemas eléctricos, como radiadores, emisores térmicos o bombas de calor, no generan monóxido de carbono, lo que los convierte en la opción más segura frente a la intoxicación. No están, sin embargo, exentos de riesgo de incendio. El fallo eléctrico fue en 2024 la primera causa conocida de los incendios mortales en viviendas. Los bomberos aconsejan enchufarlos directamente a la pared y no a regletas, no secar ropa sobre ellos y mantener cualquier material inflamable a un metro como mínimo.
Un detector de humo reduce a la mitad el riesgo de morir en un incendio doméstico. Para el monóxido existen detectores específicos, regulados por la norma europea EN 50291, que no pueden reemplazarse por los de humo.
Además de tener en cuenta estas recomendaciones de seguridad, es fundamental preparar la casa para los meses de más frío: realizar las revisiones periódicas de la caldera, purgar los radiadores, sellar fugas… Estas medidas aportan confort térmico disminuyendo la demanda de calor y aumentando la seguridad.