donación de órganos en España

Así es como ha evolucionado la donación de órganos en España

España suma 34 años como líder mundial en donación de órganos gracias a una creciente conciencia social, pero el gran desafío sigue siendo informar mejor a la población y hablar de la decisión de donar en el ámbito familiar

España lleva más de tres décadas siendo el país que más dona del mundo. Un nuevo estudio explica cómo hemos llegado hasta aquí y qué nos falta para seguir liderando. 

Empecemos por un dato que merece un aplauso colectivo: en 2024 España alcanzó los 52,6 donantes por millón de habitantes, una tasa que no ha logrado jamás ningún otro país del planeta.  

Para que nos hagamos una idea, Estados Unidos, que es quien más se nos acerca, se quedó en 48,1, y la media de la Unión Europea apenas llega a 22,9. Dicho de otro modo: donamos más del doble que nuestros vecinos europeos. Y no es un golpe de suerte puntual, sino una costumbre: llevamos 34 años consecutivos encabezando el ranking mundial.  

En 2025 se realizaron 6.334 trasplantes, muy cerca del récord histórico del año anterior, y en la última década la donación ha crecido más de un 50%. Somos, sencillamente, una potencia mundial de la generosidad. 

Cómo hemos llegado hasta aquí lo cuenta bien el estudio sobre actitudes de la población hacia la donación y el trasplante que ha presentado la Fundación Mutua Madrileña y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), con trabajo de campo de las universidades Pública de Navarra y Autónoma de Madrid. Su gran valor es que actualiza una foto que no se tomaba desde 2006, así que permite comparar cómo pensábamos hace veinte años y cómo pensamos ahora. Y la evolución es para estar orgullosos: la predisposición a donar ha subido del 67,4% al 80,1%, mientras que el rechazo se ha desplomado del 14,5% a un testimonial 4,1%. Además, la donación ha dejado de tener edad.  

Cada día, más de 5.000 personas esperan un órgano, y aunque los trasplantes aumentan, las listas de espera no bajan

Si en 2006 los mayores de 65 años eran más reticentes, hoy todas las generaciones superan el 76% de disposición a donar. Se ha convertido, como resume la directora de la ONT, Beatriz Domínguez-Gil, en “uno de los mayores consensos sociales del país”, que se refuerza incluso en tiempos de crispación. 

También han cambiado los motivos: hoy donamos por razones cada vez más altruistas, como salvar vidas (algo que pesa mucho para el 81% de la población), mejorar la calidad de vida de otros (74,8%) o simple solidaridad (68%). “Es un logro al que han contribuido profesionales, medios de comunicación y la ciudadanía”, subraya Jorge S. López, coordinador del estudio en la Universidad Pública de Navarra.  

Aun así, queda un 15,8% que no lo tiene claro, y un tercio de esos indecisos donaría solo con condiciones -a su círculo cercano, sabiendo el uso de los órganos o si sirviera para salvar a un niño-. A ellos, López les lanza un consejo sencillo: resolver las dudas con profesionales, ya sea en la ONT o en su propio centro de Atención Primaria. 

Hasta aquí, las buenas noticias. Pero el estudio también enciende un par de luces de alerta que conviene mirar de frente. La primera es que más de la mitad de los españoles (el 57,4%) desconoce que las donaciones no bastan para cubrir todas las necesidades. Cada día, más de 5.000 personas esperan un órgano, y aunque los trasplantes aumentan, las listas de espera no bajan, porque cada vez son más los pacientes que pueden beneficiarse de esta terapia. Ser líderes no significa haber terminado el trabajo. 

La segunda alerta es la más reveladora, y también la más fácil de resolver. Resulta que la gran diferencia entre querer donar y donar de verdad no está en la ley ni en los hospitales: está en la mesa de casa. Cuando la familia conoce que su ser querido quería ser donante, autoriza la donación en el 90,1% de los casos. Cuando no lo sabe, ese porcentaje se hunde hasta el 54,9%. Es decir, una simple conversación multiplica casi por dos las posibilidades de que una donación se haga realidad. Y, sin embargo, solo el 48% de los encuestados dice que su familia conoce su voluntad. 

Ahí aparece la gran paradoja española: queremos ayudar, pero no lo decimos. Casi siete de cada diez estarían dispuestos a registrar oficialmente su decisión, pero solo un 7,2% lo ha hecho, muchas veces porque ni siquiera sabe que puede. Por eso el estudio concluye algo que suena casi de sentido común: más que rellenar formularios, lo eficaz es hablar.  

Es la idea que resume el hashtag con el que ambas entidades llaman a la acción, #DiloEnCasa, y que subraya el director general de la Fundación Mutua Madrileña, Lorenzo Cooklin, cuando reclama seguir fomentando la conversación familiar “como herramienta clave para transformar la actitud positiva de la sociedad en más oportunidades de vida”. 

Y esta es, en el fondo, la gran lección. España ya no necesita convencer a nadie de que donar está bien: eso está ganado. El reto ahora es otro, más silencioso, pero igual de decisivo: informar mucho y bien, despejar las dudas de los indecisos y, sobre todo, animarnos a decir en voz alta, en el salón de casa, lo que la inmensa mayoría ya piensa. Porque de esa frase tan sencilla -“quiero ser donante”- depende que sigamos siendo, año tras año, el país más solidario del mundo.  

Mutua Madrileña

Comunicación Corporativa