Mutua Madrileña
Comunicación Corporativa
Pese a las opciones de las tecnologías de vanguardia, recurrir al médico es parte básica de la ecuación de un tratamiento que conjuga innovación y medicina tradicional
La nutrición personalizada con Inteligencia Artificial (IA) se derrama como un bálsamo extendido por un Dios diligente. Sin embargo, aún estamos a medio camino en las dietas basadas en la IA. Los doctores coinciden en el diagnóstico: nos hace falta aún más información del paciente. Datos fundamentales pero que están protegidos por ley. Pensemos en los fenotipos (o sea, los factores de riesgo) o su mapa genético. “Todavía no nos damos cuenta, sin embargo, nos vamos acercando”, apunta el doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra (UNAV). Durante un cierto tiempo ha existido, en medicina, en general, el miedo a que se hubieran acabado los datos públicos con los que entrenar a la IA y tener que recurrir a los sintéticos. Esto aumenta las famosas alucinaciones de esta tecnología. Es decir, respuestas erróneas o imprecisas.
Pero en el caso de la nutrición personal disponemos —defiende Martínez González— de grandes recipientes de información, de “muy buena” calidad, y completos, por lo que resulta sencillo acceder a datos contrastados y correctos. Quizá la gran ventaja de esta tecnología sea su rapidez. Esto tiene una aplicación práctica que le sonará a mucha gente. Una avalancha de clientes que piden suplementos minerales y vitaminas (pensemos en las del grupo B o D12) las cuales saturan bastantes farmacias. “Incluso en determinadas ocasiones pueden ser peligrosos”, advierte el galeno. Están de moda y están en todas partes. Cuidado con ellos. En medicina tan peligroso puede ser consumir lo inútil cómo eludir lo necesario. Cuidarse reivindica, a la vez, velocidad y pausa.
Por entenderlo bien, la IA es un instrumento más con el que cuenta el doctor, que es quien toma la decisión final del tratamiento. Claro que en este mundo con fronteras difusas algunos han visto la vía de hacer negocio. Yuca es una aplicación que se descarga en el móvil y lee la composición, con detalle, de los compuestos que figuran en la contraetiqueta de un cosmético o un alimento. Otra plataforma que está abriendo mercado es, también, MyMedi, dirigida a gestionar citas, sobre todo de salud mental, videollamadas y ya se está aplicando, a la vez, en dietas.
Por entenderlo bien, la IA es un instrumento más con el que cuenta el doctor, que es quien toma la decisión final del tratamiento.
El profesor González forma a sus alumnos de forma muy inteligente. Utiliza la IA para encontrar un caso de diagnóstico erróneo y les pregunta dónde está el error y de qué manera debe corregirse. Pero también hay expertos como Erich Eichstetter, Digital Innovation & Tech Scouting de GOe Tech Center del Basque Culinary Center (San Sebastián), que ha cocinado su propia receta. ChatGPT ha incluido una plataforma de salud y nutrición y él lleva dos semanas siguiendo los consejos, de los especialistas Michel Montigna, cuya estrategia es reducir los niveles de azúcar, y el doctor Mark Hyman.
Erich confía en este espacio digital porque en el poco tiempo que lleva reconoce que ha bajado de peso. Lo que ha aprendido, de nutrición, lo resume en una frase: “Si al organismo le das basura, te devuelve basura”. Ambos enfoques —ahonda—, de los nutricionistas con los que trabaja, resultan complementarios. Hymen defiende la famosa dieta paleo que mezcla el mundo de los vegetales (vegano) con carnes magras y grasas saludables (paleo). Por eso, gramaticalmente, se denomina dieta Pegan. Una joint venture de palabras. ¿Pero se atreverían sin una supervisión médica directa? Es un camino de nutrición. ¿Creen en la tecnología de vanguardia o en el médico de siempre? Opciones.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el tiempo es la relación entre la distancia y la velocidad. Ambas se han reducido. La IA ya no es una promesa sino una realidad cotidiana de nuestra era. ChatGPT —desgrana Esteve Almirall, profesor de Datos, Analytics, Tecnología e Inteligencia Artificial de Esade— se ha transformado para una parte creciente de la población, en una consulta casi obligatoria ante cualquier duda: laborales, educativas, y, por su puesto, de nutrición. Vivimos inmersos en una auténtica avalancha, reflexiona el doctor, de información nutricional procedente de fuentes muy diversas: influencers [lo hemos visto], anuncios encubiertos, dietas milagro y consejos sin base científica. En este entorno, herramientas como la IA generativa permiten algo tan básico —y tampoco habitual— como contrastar información, contextualizarla y ponerla en orden. El verdadero potencial de la IA surge cuando se emplea de forma personalizada. “Estas herramientas permiten diseñar planes nutricionales adaptados a objetivos concretos —pérdida de peso, mejora de rendimiento deportivo, control de patologías metabólicas— y ajustarlas a las necesidades del paciente. Todo con un esfuerzo mínimo.
La clave también es él seguimiento. La IA puede acompañar al paciente en un avanzar continuo “recordándole pautas, sugiriendo ajustes y ayudando a interpretar señales que muchas veces pasamos por alto”, relata el especialista. Es una figura próxima a un nutricionista digital, disponible las 24 horas al día a coste cero. Bastantes personas se sienten más cómodas compartiendo información sensible —hábitos alimentarios poco saludables, episodios de ansiedad, problemas de sobrepeso— con una inteligencia artificial, que con su entorno incluso profesional. Esas dos siglas pueden ser la entrada a hábitos más saludables.
Pero este enfoque no puede sustituir a los profesionales de la nutrición. Sobre todo en casos clínicos. Aunque democratiza el acceso a la información de calidad, la IA puede cometer errores. “Y en un mundo donde la desinformación nutricional es casi una epidemia, la IA no es ninguna solución definitiva, pero sí una parte de la respuesta”, zanja Esteve Almirall. Hay que utilizarla bien.
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