Te contamos cómo funciona el control de tracción

Te contamos cómo funciona el control de tracción

Hoy en el Blog ÓN te contamos cómo funciona el control de tracción

En una moto, la pérdida de tracción no suele avisar con sutileza. Basta una línea de pintura mojada, una junta de dilatación o un tramo de asfalto helado para que el neumático trasero pierda tracción al acelerar. En esos casos es cuando llega el susto al recuperar agarre bruscamente. Es el clásico “highside”, esa catapulta que nace de un deslizamiento y termina con la moto escupiéndote por encima. El control de tracción (TCS) se inventó para actuar en ese instante y permitir que la rueda trasera derrape lo justo, si es que derrapa, recortando potencia antes de que el deslizamiento se convierta en un latigazo. 

La idea es sencilla, aunque la ejecución sea ingeniería fina. La moto mide continuamente la velocidad de la rueda delantera y la trasera mediante sensores (los mismos que alimentan el ABS). Si la trasera empieza a girar sensiblemente más rápido que la delantera, el sistema interpreta que hay exceso de patinaje. A partir de ahí, la centralita decide cuánto para recortar y cómo hacerlo, ya sea retrasando el encendido, cortando inyección de forma intermitente, cerrando ligeramente las mariposas en motos “ride by wire” o combinando estrategias para que la intervención sea rápida pero progresiva. En el fondo, es una negociación a milisegundos entre tu mano derecha y la física en la que tú pides empuje y la electrónica lo dosifica para que el neumático siga “mordiendo” el asfalto.   

La sofisticación real llega cuando el control de tracción deja de mirar solo cuánto patina y empieza a preguntarse en qué postura está la moto. En competición esto es dogma desde hace años: la misma cantidad de deslizamiento que en recta podría ser tolerable, con la moto inclinada puede ser la antesala del desastre. Por eso, los sistemas modernos integran datos de más sensores (posición del acelerador, régimen y, en los más avanzados, el ángulo de inclinación) para ajustar el umbral de intervención según el momento. No es lo mismo salir de una rotonda con frío que acelerar fuerte ya casi vertical en tercera. El TCS compara velocidades de rueda y, con información adicional como acelerador, rpm y ángulo de inclinación, reduce entrega cuando detecta pérdida probable de agarre.   

Cuando la potencia crece y el agarre no acompaña esa evolución, o se mejora la tracción o hay caídas.

Que la tecnología del control de tracción nazca en los circuitos tiene una lógica histórica. La competición es el laboratorio donde el motor siempre va por delante del neumático. Cuando la potencia crece y el agarre no acompaña esa evolución, o se mejora la tracción o hay caídas. En MotoGP, la electrónica se volvió una pieza estructural del rendimiento precisamente para gestionar la brutalidad del par y evitar “highsides” usando comparaciones de velocidad de rueda (y otras referencias de velocidad) para anticiparse al deslizamiento.   

En cuanto a su implementación en motos de calle, no se trata de un lanzamiento concreto. Por un lado, hubo soluciones tempranas de enfoque turístico y preventivo. En los años noventa ya se ofrecían sistemas de TCS en algunas motos como la Honda ST1100 ABS-CBS. Por otro lado, la gran popularización llegó cuando el control de tracción se convirtió en una herramienta de seguridad para motos deportivas y “naked” de gran cilindrada. BMW anunció su ASC (Automatic Stability Control) para motos de serie como opción en modelos 2007, integrándolo con su generación de ABS y vendiéndolo abiertamente como control del deslizamiento al acelerar. Ducati hizo lo propio en 2008 con el Ducati Traction Control (DTC) en la 1098R. Actualmente, el TCS forma parte del equipamiento electrónico habitual en muchos modelos. 

Compararlo con el control de tracción en coches ayuda a entender por qué en moto se vive casi como un ángel de la guarda. Mientras que las motos solo tienen una rueda motriz y un equilibrio dinámico más frágil, en un automóvil el TCS trabaja con cuatro huellas de contacto y mucha más estabilidad intrínseca. Si patina una rueda motriz, el sistema puede frenar esa rueda selectivamente y/o recortar par motor. Además, suele convivir con el control de estabilidad (ESC/ESP), que también corrige guiñada y trayectoria. Históricamente, el TCS del automóvil se desarrolló como una extensión lógica del ABS. Bosch lo sitúa en 1986 como tecnología de control del patinaje de ruedas motrices y Mercedes-Benz cuenta que en 1988 ya se podía pedir ASR como “primer control de tracción totalmente eléctrico” en su oferta.   

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