Autonomía vehículo eléctrico
Movilidad sostenible

La autonomía de los vehículos eléctricos ya no es un problema

La innovación en las baterías y la recarga impulsa la movilidad eléctrica hacia nuevas fronteras.

  • 15 de octubre de 2025
  • 2 minutos

Las baterías de los coches eléctricos siguen siendo el epicentro de una revolución silenciosa pero implacable. No se trata solo de acumuladores de energía, sino del componente que ha determinado la viabilidad real de los vehículos eléctricos: la autonomía. Tras décadas de avances y saltos tecnológicos, esa capacidad de recorrer centenares de kilómetros sin recargar está cada vez más cerca de convertirse en una realidad.

Cuando echamos la vista atrás, hacia los albores del transporte eléctrico, en la primera mitad del siglo XIX, ya descubrimos vehículos experimentales propulsados por baterías no recargables. Son los años en que el escocés Robert Anderson construyó un carruaje motorizado con baterías no recargables. Pero aquella tecnología estaba muy lejos de convertirse en lo que es hoy en cuanto a autonomía. Fue solo con el desarrollo de las baterías recargables cuando el camino hacia el coche eléctrico cobró sentido. A finales del siglo XIX aparecieron los primeros automóviles eléctricos con batería de plomo-ácido y otros sistemas rudimentarios.

Las mejoras en baterías y tecnología han permitido que los coches eléctricos alcancen autonomías de hasta 455 km en 2024, y se espera superar los 800 km en pocos años.

Después, durante buena parte del siglo XX, el vehículo eléctrico permaneció estancado, como una mera curiosidad. Sus baterías pesadas y de baja densidad energética condenaban al fracaso cualquier aplicación práctica de alcance. Solo cuando, a finales del siglo pasado, emergieron las baterías de iones de litio –más ligeras, con mejor eficiencia energética y menor autodescarga– comenzó a crearse la base tecnológica que hoy permite autonomías de cientos de kilómetros.

Los avances en materiales, diseño y arquitectura buscan romper las barreras actuales. Algunas de las ideas más prometedoras son el empleo de grafeno, ánodos de silicio, electrolitos sólidos y nuevas combinaciones químicas que permiten mayor densidad energética, menor degradación y tiempos de recarga drásticamente reducidos. Por ejemplo, existe un desarrollo con grafeno que ofrece un rango estimado de unos 805 km y recargas en “solo unos minutos”.  Pero esas tecnologías aún están en fase experimental y su comercialización masiva tendrá que superar retos de coste, escalabilidad y seguridad.

Para apreciar cuánto ha cambiado la autonomía en los coches eléctricos, basta con mirar cifras comparativas. En 2010, los coches totalmente eléctricos ofrecían un promedio de unos 127 km, mientras que en 2021 esa cifra escaló hasta los 349. En 2024, el rango medio de los eléctricos alcanzó ya un máximo histórico de 455 km en los coches nuevos. 

Pero más allá de los promedios, lo que impresiona es la amplitud del rango: los modelos con mayor autonomía se han disparado. Lo que antes era un nicho casi exótico hoy rivaliza con los automóviles de combustión. Esta progresión ha sido posible no solo por mejoras en las celdas, sino por una gestión térmica avanzada, arquitectura de baterías modulares, relaciones de transmisión optimizadas y sistemas de carga de alto voltaje que permiten potencias de recarga más elevadas con menor impacto térmico. Sin embargo, el rango ideal y la realidad del día a día aún difieren. Un vehículo puede homologar cientos de kilómetros bajo condiciones favorables (ciclos WLTP o EPA) pero, circulando por autopista, con carga rápida, viento en contra, frío o calor, ese alcance puede caer significativamente.

Volviendo a los avances del futuro, la experiencia demuestra que no es suficiente con mejorar las baterías, sino que influyen otros aspectos como su integración al vehículo, su gestión, su sistema de climatización y la arquitectura eléctrica global. Los electrolitos sólidos pueden ser uno de los cambios determinantes, ya que ofrecen menos riesgo térmico, mayor densidad y potencial para cargas más rápidas, pero aún hoy están lejos de un uso masivo.

También se discuten sistemas de recarga con alta tensión (por ejemplo, arquitecturas de 800 voltios), que permitirán elevar la potencia de carga sin cables gigantescos ni pérdidas térmicas exorbitantes. El litio seguirá presente, pero con mejoras en cátodos, menos uso de metales críticos caros y mejor reciclaje para cerrar el círculo productivo.

Dados los avances, parece inevitable que, en los próximos 5 o 10 años, veamos automóviles que homologuen autonomías superiores a los 800 km y tiempos de recarga ultrarrápidos. Los retos están ahí –coste, ciclado, escalabilidad, seguridad– pero el camino ya está trazado. Esto significa que el miedo tradicional a “no llegar” va perdiendo fuerza. Con una red de puntos de recarga en expansión y modelos cada vez más capaces, el

vehículo eléctrico empieza a pisar fuerte también en rutas largas.

Mutua Madrileña

Comunicación Corporativa