Tengamos las fiestas sostenibles
Medio ambiente

Tengamos las fiestas sostenibles

Las claves para disfrutar una Navidad sin contaminación y reducir el consumo energético. 

  • 23 de diciembre de 2025
  • 2 minutos

Sí, los periódicos tienen razón: llega una nueva Navidad. Otra más para muchos. Pero esta tiene que ser distinta. Al igual que nadie contempla dos veces el mismo río. Luces, celebraciones, encuentros. Esta es una cara. Existe otra. Consumo energético disparado, picos de contaminación, incremento notable de los residuos. Este impacto ambiental, medio escondido entre tantas celebraciones, afecta de forma considerable a la calidad del aire y a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.  

Entre tantas noticias que se generan esos días, quizá, una de las mejores, es que se pueden disfrutar de estas fiestas a la vez que reducimos la huella ambiental. Esos pasos que ensucian el caminar. Estos días, los desplazamientos se multiplican. Familia, compras y eventos llenan las carreteras y ese movimiento supone incrementar los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), lo que se conoce como partículas finas (PM2,5) y emisiones de dióxido de carbono (CO2). ¿Cómo responder a esta nube de gases perniciosos? El camino está muy trazado. Priorizar el transporte público en los trayectos urbanos, compartir (cuando sea posible) coche, utilizar la bicicleta en las distancias cortas o caminar, y en viajes largos son más sostenibles los billetes de tren que los aviones. La aeronáutica continúa quemando keroseno. Pequeñas decisiones que se multiplican si la concienciación alcanza a miles o millones de personas.  

Si hay un infinitivo que se cuela durante estas semanas es “comprar”. En diciembre, sobre todo el mundo on line, asciende al igual que el Everest. Sólo hay que fijarse en el ir y venir de furgonetas de reparto; demasiadas viejas y demasiadas utilizando aún combustible diésel, que resulta muy nocivo. La ecuación prosigue. Y suma un volumen enorme de embalajes, especialmente cartón y plástico. Cuesta, sobre todo, decirle adiós a este último. Tan omnipresente como el frío en la montaña. Se descuelga otra nueva pregunta: ¿qué hacemos? Nada de envíos urgentes, que requieren de rutas que no suelen ser muy eficaces, escoge puntos de recogida en vez de entregas a domicilio, busca, todos sabemos hacerlo, opciones con embalajes sostenibles y apoya al comercio local siempre que puedas. Apoya eso que los expertos llaman la “última milla”. 

Evita las compras on line, el reparto suele hacerse en furgonetas viejas y movidas con el muy contaminante diésel

Nada de todo esto sucede a ciegas. Las luces disparan su consumo. Y nadie quiere pasar frío. Escalada del termostato. Las calles estrenan luces, las reuniones con la familia incrementan el gasto eléctrico y la calefacción es el verdadero calor del hogar. Hay que revertir la situación. Dar la vuelta a las costumbres obsoletas e introducir las nuevas. Emplear iluminación LED de bajo consumo, limitar el horario del encendido navideño, ajustar el termostato: cada grado extra puede aumentar un 7% el consumo energético, aprovechar la luz natural y mejorar la ventilación, en vez de subir el mercurio. 

Ya se sabe. Cambia, todo cambia. La Navidad es la época del año, que más residuos se generan. Junto a los productos acuden envoltorios, embalajes, decoración efímera y restos de comida. Aumenta el volumen de basura cuyo destino es el vertedero o las plantas de tratamiento. Hace falta aliviar esa huella. Conseguir algo parecido a un lento pasar de los bueyes sobre la nieve. Reutiliza bolsas, cajas o telas de envolver regalos, evita productos de un solo uso, en decoración adquiere únicamente lo necesario y separa bien los residuos. 

La lista de esta peculiar compra es larga, porque se puede hacer mucho para eliminar esa marca. A veces, casi invisible. Se compra y se cocina más, y hasta un 30% de lo que se prepara puede terminar en la basura. Los alimentos con mayor huella (carnes, mariscos, productos importados) multiplican el impacto en nuestra ecuación ambiental. Por qué no hacer otras cosas. Ver en vez de mirar. Los menús se pueden planificar con antelación, escoge artículos de temporada, prioriza las opciones con menor huella ambiental y aprovecha las sobras en recetas para los días siguientes. No está escrito sobre piedra que seamos incapaces de cambiar nuestro comportamiento y aun así disfrutar de estas semanas. Cada pequeño gesto suma: cómo nos movemos, la forma en la que compramos, qué energía consumimos o cuáles son los residuos que generamos. Estas sencillas prácticas mejoran la calidad del aire, las emisiones y protegen la salud pública.  Avanzamos hacia un futuro más sostenible y saludable. “Pues, así como todo cambia” / “Que yo cambie no es extraño”, cantaba Mercedes Sosa, con esa voz profunda como amortiguada por gruesas mantas.  

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