Pintura fachada
Eficiencia energética

La pintura de la fachada que hace más eficiente el hogar

Adaptándose a la climatología, esta innovación favorece el ahorro energético.

  • 11 de junio de 2025
  • 3 minutos

Mientras la pintura blanca refleja el calor y la pintura negra lo absorbe, un proyecto trabaja en una alternativa que hace ambas cosas: cambia de color según el clima. ¿El objetivo? Favorecer el ahorro en la factura de calefacción y de aire acondicionado.

Imagina llegar a casa un caluroso día de verano y descubrir que su exterior es un blanco fresco y reluciente. Luego, con los primeros fríos del invierno, verla transformarse en un tono más oscuro que capture y retenga el calor. Esto es lo que hace la pintura climáticamente reactiva del diseñador neoyorquino Joe Doucet, que promete ahorrar hasta un 25% en la factura energética sin necesidad de termostatos inteligentes ni motores.

La inspiración de Doucet surgió de dos fuentes muy distintas: los anillos de humor (también conocidos como anillos de estado de ánimo, que cambian de color dependiendo de la temperatura corporal y, por lo tanto, del estado emocional de la persona) y los estudios que demuestran cómo el color de una vivienda puede modificar su temperatura interior. Frente a la idea de repintar cada primavera y otoño en dos tonos opuestos, el diseñador ideó una fórmula termocrómica capaz de alternar su tonalidad de manera pasiva en función de la temperatura ambiental.

Pintar una fachada de forma climáticamente reactiva puede reducir el consumo de aire acondicionado y calefacción entre un 15% y un 30%.

Pero ¿cómo funciona? El secreto está en unos pigmentos cuya estructura molecular cambia al alcanzar los 25°C: por debajo de ese umbral, absorben la luz y oscurecen la superficie, mientras que al superarlo se tornan transparentes y dejan al descubierto el color base (blanco, azul, verde, rojo, etc.). Este intercambio es casi instantáneo y no deja fases intermedias, permitiendo que un mismo tono se vea claro en verano y oscuro en invierno sin necesidad de repintar.

Según los ensayos de investigador y literatura científica, pintar una fachada de forma climáticamente reactiva puede reducir el consumo de aire acondicionado y calefacción entre un 15% y un 30%. Esa cifra responde al hecho de que, en verano, una casa blanca puede ser hasta 7°C más fresca en su interior que una negra; y, en invierno, sucede al revés, casi 5°C más cálida. Dado que cada grado interior supone un 3% del coste energético, el balance anual acaba marcando una diferencia notable.

Además, la fórmula de Doucet ha superado más de miles de ciclos de cambio de temperatura sin perder adherencia ni eficacia, un hito fundamental para zonas con oscilaciones térmicas diarias bruscas.

Más allá de las casas, esta pintura puede tener mayor recorrido como por ejemplo en colegios, hospitales, naves industriales y marquesinas que se autorregulan según la estación. En ciudades densas, podría contribuir a mitigar el efecto isla de calor, reduciendo la temperatura del asfalto y las fachadas en barrios enteros. De hecho, otras iniciativas similares -como el repintado masivo de tejados en Pakistán o el pavimento reflectante en Los Ángeles- ya demostraron descensos de hasta 2°C en la temperatura ambiente de sus calles.

© Imágenes: Shutterstock.

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