Mutua Madrileña
Comunicación Corporativa
Así evolucionan los despertadores para mejorar el descanso y el despertar
Los de campanilla nos sacaban de la cama de un susto. Los de hoy, en cambio, prometen justo lo contrario: despertarte tan despacio que casi no te des cuenta. Con luces que imitan el amanecer, sonidos de mar y hasta radares que vigilan tu sueño, el despertador se ha convertido en uno de los gadgets más sofisticados de la mesilla.
Un pitido brusco a las siete de la mañana activa la misma respuesta de alerta que tendríamos ante un peligro, y no es la mejor forma de arrancar la jornada. Por eso la industria lleva años tratando de suavizar ese instante, y lo cierto es que hay margen de mejora, porque dormimos regular: según la Sociedad Española de Neurología, el 48 % de los adultos españoles no descansa con calidad, el 54 % duerme menos de lo recomendado y más de cuatro millones de personas conviven con trastornos crónicos del sueño. En ese contexto, un aparato que en lugar de sobresaltarnos nos acompañe hacia la vigilia deja de ser un capricho tecnológico para convertirse en un pequeño aliado del bienestar.
El más sencillo de todos sigue siendo el despertador digital de toda la vida, ahora con pantalla LED regulable, radio FM y algún sonido más amable que el clásico pip-pip. Es perfecto para quien solo quiere saber la hora de un vistazo y levantarse sin complicaciones. Un peldaño por encima están los despertadores de luz o de simulación de amanecer, quizá la categoría más interesante para dormilones. En vez de sonido, empiezan a iluminarse poco a poco entre veinte y cuarenta minutos antes de la hora fijada, imitando la salida del sol para que el cuerpo vaya saliendo del sueño de forma progresiva. No es marketing: un estudio publicado en la revista Journal of Sleep Research comprobó que esa luz creciente reduce la llamada inercia del sueño, esa sensación de atontamiento al despertar, y mejora el rendimiento en los primeros minutos del día. Se recomiendan sobre todo a quienes se despiertan agotados en los meses oscuros de invierno o madrugan cuando todavía es de noche.
En vez de sonido, empiezan a iluminarse poco a poco entre veinte y cuarenta minutos antes de la hora fijada, imitando la salida del sol
Mantenimiento del vehículo y carga útil. El estado mecánico del coche es el otro gran pilar del ahorro. Circular con los neumáticos por debajo de la presión recomendada por el fabricante aumenta la resistencia a la rodadura y eleva el consumo de combustible hasta un 4% en vías interurbanas, además de acelerar el desgaste irregular de la cubierta y deteriorar la estabilidad del coche.
El mantenimiento de los filtros de aire y aceite es igualmente relevante. Un filtro obstruido impide que la mezcla de aire y carburante se realice de forma óptima en los cilindros, lo que fuerza al motor a trabajar con menor eficiencia y consumir más. Por último, conviene eliminar del coche todo aquello que añada peso innecesario. Llevar en el maletero bultos prescindibles o mantener instalados la vaca o los portaequipajes de techo cuando no se utilizan perjudica de forma notable la aerodinámica del vehículo, provocando incrementos de consumo que pueden superar el 20% a velocidades de autopista.
Planificación de rutas y climatización. La tecnología actual ofrece herramientas clave para optimizar los trayectos diarios antes de ponerse al volante. Recurrir a aplicaciones de navegación que calculen la ruta más fluida permite esquivar atascos y retenciones, momentos en los que las continuas paradas y arrancadas multiplican la huella de carbono y el consumo.
De igual forma, conviene racionalizar el uso del aire acondicionado y los sistemas de climatización. En ciudad, llevar el aire encendido puede elevar el gasto entre un 10% y un 20%. Por contra, a altas velocidades en carretera, resulta más eficiente encender el climatizador que bajar las ventanillas, ya que estas rompen la línea aerodinámica del vehículo y generan un freno que obliga a acelerar más para mantener la misma velocidad.