Turismo de proximidad - Estas son las apps más recomendadas
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Turismo de proximidad - Estas son las apps más recomendadas

¿Conoces el geocaching? Hoy en el Blog ÓN te contamos en que consiste.

  • 23 de abril de 2026
  • 2 minutos

El año pasado cumplió 25 años. Es una experiencia que, una vez más, su léxico procede del mundo anglosajón. Geocaching. Este es el término que “esconde” el mayor juego de búsquedas de tesoros a nivel mundial. Funciona a través de una aplicación móvil, en la que los participantes encuentran las coordenadas GPS, donde otros aficionados han escondido un objeto, conocidos como caches. Infinidad de páginas y aplicaciones cuentan que existen más de tres millones repartidos por todo el planeta. Y los fans de este “buscar y encontrar” son miles. Todo comenzó en mayo de 2020, cuando el informático Dave Ulmer ocultó el primero en Oregón (Estados Unidos) y publicó en Internet, dentro de un grupo de aficionados, las coordenadas. Dos años antes, el presidente americano Bill Clinton había levantado las restricciones sobre las señales de los satélites GPS. Hasta ese momento estaban limitadas al uso militar. Pero ahora, por fin, también podían utilizarlo los civiles. Desde entonces, cerca de 200 países esconden geocaches. En unos tiempos de tecnologías virtuales, el geocaching ofrece una aventura real. Un juego que se puede compartir con los amigos y la familia, y que ayuda, además, a conocer nuevos paisajes. ¿Se puede pedir más en estos tiempos virtuales? 

Pero la tecnología deja en el pasado casi cualquier propósito durante estos días. Los teléfonos inteligentes tienen aplicaciones de geolocalización más precisas que el propio GPS de uso militar. Y algunas incluso son más baratas que una aplicación oficial. Si rastreamos el mercado —conforme a la publicación especializada Hobycraze—, las mejores aplicaciones de GPS para utilizarlas en el ecosistema del eocaching serían: Geocaching (que es la apli oficial con más de diez millones de  descargas), Cachly (para los usuarios del sistema operativo iOS), c:geo (versión gratuita), GeoCaches (una opción sencilla) y Geocache Placer (ideal para crear caches). Son cinco opciones (ojo, que bastantes son de pago) aunque existen muchas más. “Además es una buena forma de salir de casa y descubrir sitios”, narra Carolina Folgado, zamorana que vive en Orense y que lleva 13 años apasionada por este universo. Es un modo de vida que condiciona sus fines de semana, escapadas y vacaciones. Y no existe edad, hay personas que lo mezclan con el senderismo, otras con esa salida para dejar el trabajo en el imprescindible olvido. Aunque sea momentáneo. Pero por prudencia, si se desconoce la zona, un guía ayuda a que una experiencia familiar termine con una sonrisa compartida en los caminos del turismo de proximidad. Si piensa en España, teclee también Play&go experience. “El visitante y el turista como herramienta de dinamización social”, explican en la plataforma. Aunque, también, hay amantes de este juego y del asfalto de la urbe. 

Cerca de 200 países esconden geocaches. En unos tiempos de tecnologías virtuales, el geocaching ofrece una aventura real. Un juego que se puede compartir con los amigos y la familia, y que ayuda, además, a conocer nuevos paisajes.

Estados Unidos es el país que tiene más caches seguido de Alemania, Francia, Canadá, el Reino Unido, Suecia y España. La comunidad gallega cuenta con unos 27.300. Una cifra que la sitúa en la octava comunidad española. En términos futbolísticos, a mitad de la tabla. Descargar una aplicación y tener la fuerza de voluntad de perseguir “el tesoro”. Hay ejemplos increíbles. Como esconder una caja de frijoles y que cientos de personas la busquen. El tesoro no es el valor, es la aventura de encontrar. El viaje está en el camino. La francesa Tèrra Aventura —concebida para atraer turistas a zonas poco transitadas como Nueva Aquitania, por encima de Burdeos— se lanzó en 2011 con una página web y 30 rutas distintas. Y cerca de 5.000 jugadores. El gran desafío que plantearon fue encontrar el Búho Dorado. Lo descubrieron a finales de 2024. 

El geocaching es una respuesta más a un mundo gamificado. La idea resulta similar: transformar la vida real en un juego. NextRoutes, por ejemplo, prueba herramientas de gamificación para recorrer el patrimonio judío europeo. Está financiado por Erasmus+ (el programa de la UE que presta apoyo a la educación, la formación, la juventud y el deporte en Europa) e incluye seis rutas culturales: Ruta Fenicia, Ruta del Olivo, las Rutas de Mozart, ATRIUM: Arquitectura de los Regímenes Totalitarios en la Memoria Urbana Europea, la Ruta de la Edad de Hierro en el Danubio y la Ruta Europea del Patrimonio Judío.  

El geocaching fue, en su momento, una brillante manera de convertir el territorio en un tablero de juego, pero hoy es solo la punta del iceberg de algo mucho más interesante: la progresiva “capa digital” que el smartphone añade a cualquier entorno cercano.  

El turismo de proximidad está dejando de ser una experiencia pasiva para convertirse en una interacción continua con el espacio, en la que rutas gamificadas, guías inteligentes y propuestas basadas en realidad aumentada o audio contextual transforman un paseo cualquiera en una narrativa personalizada. Ya no se trata simplemente de encontrar un objeto escondido, sino de recorrer una historia, desbloquear contenidos o interpretar lo que vemos en tiempo real. En ese sentido, la tecnología no solo incentiva a salir de casa, sino que redefine la forma en que entendemos y disfrutamos lo cercano: menos consumo de lugares y más experiencia construida sobre ellos. 

© Imágenes: Shutterstock. 

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