Publicado por Mutuactivos | 24 de julio de 2025
Entender cómo prepararse para la jubilación es una de las claves de la educación financiera. La esperanza de vida no deja de aumentar y, por tanto, el periodo que comienza una vez se termina de trabajar -la llamada etapa de desacumulación- es cada vez más prolongado. Ante esto, se hace indispensable planificar el futuro financiero.
Para ello, uno de los instrumentos más conocidos son los planes de pensiones individuales, diseñados para ayudar a los trabajadores a complementar su futura pensión pública. Sin embargo, es importante conocer en profundidad estos productos antes de invertir en ellos para hacerlo aprovechando todas sus ventajas.
Los tres pilares del sistema de pensiones
El sistema de pensiones en España se apoya en tres pilares. El primero de ellos, y el más conocido, es el sistema público de pensiones, gestionado por la Seguridad Social, a la que los trabajadores cotizan obligatoriamente a lo largo de su vida laboral. Se trata de una prestación cuya cuantía depende de los años que se han trabajado y del salario que el trabajador haya tenido en su vida laboral.
El segundo pilar son los planes de pensiones de empleo, promovidos por las empresas en beneficio de sus trabajadores. Esta alternativa se está tratando de potenciar, aunque con un éxito todavía limitado. Por último, el tercer pilar lo conforman los planes de pensiones individuales, contratados de manera voluntaria por cualquier persona para aportar de manera adicional a su futura jubilación.
¿Qué es un plan de pensiones individual?
Un plan de pensiones individual es un producto de ahorro-inversión cuya finalidad es acumular un ahorro a largo plazo de cara al retiro profesional. A través de aportaciones periódicas o puntuales, el partícipe reúne un capital que será recuperable, principalmente, al llegar la edad legal de jubilación, aunque existen ciertas excepciones que permiten su rescate anticipado en situaciones especiales.
Cómo funciona y quién lo promueve
Estos planes son promovidos por entidades financieras, como bancos, aseguradoras y gestoras especializadas. Basta con firmar un contrato con una de estas entidades para suscribir el plan deseado –que puede ser más conservador o arriesgado, según los activos en los que invierte– y comenzar a realizar aportaciones.
El dinero aportado se invierte en carteras gestionadas por profesionales especializados en gestión de activos y su evolución dependerá del comportamiento de los mercados financieros y de la política de inversión del plan elegido. Lo más aconsejable es que los partícipes más jóvenes opten por planes con más peso de la renta variable, que conlleva más riesgo, pero también más potencial a largo plazo; mientras que aquellos que tienen más cerca la jubilación deberían decantarse por planes centrados en la renta fija para preservar el capital.
Uno de los grandes atractivos de los planes de pensiones individuales en España es su bonificación fiscal.
Fiscalidad de los planes de pensiones
Uno de los grandes atractivos de los planes de pensiones individuales en España es su bonificación fiscal. Las aportaciones anuales pueden deducirse en la base imponible del IRPF. No obstante, existe un límite máximo de cuánto se puede deducir un contribuyente, el cual actualmente se encuentra en 1.500 euros (o el 30% de los rendimientos del trabajo y actividades económicas, si es inferior a 1.500 euros).
En todo caso, el dinero aportado hasta esa cantidad reduce la cuantía que pagan los contribuyentes cada año. Basta con un ejemplo: un trabajador con un tipo marginal del 30% que aporta 1.500 euros a un plan individual se ahorrará 450 euros en su IRPF.
Sin embargo, hay que recordar que, en el momento de rescatar el plan, los fondos tributan como rendimientos del trabajo, por lo que es importante planificar bien el rescate para evitar impactos fiscales indeseados.
Cómo y cuándo se rescata el dinero
Por ley, los planes de pensiones individuales son ilíquidos: sólo se pueden rescatar bajo ciertas condiciones. La situación más habitual es la jubilación, pero también es posible hacerlo en caso de incapacidad laboral, fallecimiento (en cuyo caso los beneficiarios reciben el capital), dependencia severa, enfermedad grave o desempleo de larga duración. Desde 2025, además, se permite recuperar las aportaciones que tengan al menos 10 años de antigüedad.
A la hora de cobrar el plan una vez llega la jubilación, el partícipe puede optar por diferentes modalidades: capital (todo de una vez), renta (pagos periódicos) o una combinación de ambas. La elección afectará tanto a la planificación personal como a la fiscalidad del cobro. En términos generales, cobrarlo todo de golpe incrementa la factura fiscal.
¿Merece la pena invertir en un plan de pensiones individual?
Los planes de pensiones individuales resultan interesantes ya que permiten ahorrar para la jubilación y, al mismo tiempo, disfrutar de ventajas fiscales año a año. Estos productos permiten establecer una disciplina de ahorro que permita acumular una bolsa de capital para complementar la pensión pública de jubilación. En todo caso, conviene saber que son productos ilíquidos, que no se pueden reembolsar si no se da alguna de las condiciones mencionadas anteriormente.
La reducción de los incentivos fiscales en los últimos años, que ha limitado las aportaciones máximas que pueden deducirse del IRPF, hace recomendable su utilización para canalizar el ahorro hasta los límites fiscales de aportación establecidos.
La solución más completa pasa por acompañar esos planes con otras alternativas de ahorro a largo plazo, como los fondos de inversión y los seguros de ahorro. En cualquier caso, dentro de una buena planificación financiera es pertinente incluir los planes de pensiones individuales.
Pese a las últimas limitaciones, siguen siendo un gran instrumento para ahorrar y generar rentabilidad a largo plazo al tiempo que ayudan a reducir la factura fiscal.
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