Publicado por Si Lo Hubiera Sabido | 10 de junio de 2026
México debería estar en una posición privilegiada. Es el principal socio comercial de Estados Unidos, tiene una base industrial sólida y una localización estratégica en un momento en el que la producción global busca acercarse a los grandes mercados. Sin embargo, su economía lleva décadas sin despegar.
En 2025, su PIB avanzó apenas un 0,8% en un contexto de caída de la inversión, aumento del empleo informal y una sensación general de estancamiento. Lo más llamativo es que el sector exterior sigue funcionando, con superávit comercial y entrada de inversión extranjera. Si el motor está encendido por fuera pero el coche no avanza, el problema está dentro.
El primer gran obstáculo es la informalidad laboral. Más de la mitad de los trabajadores mexicanos opera fuera del sistema, lo que limita el acceso al crédito, a la inversión y al crecimiento empresarial. Esto tiene un efecto directo sobre la productividad, que se mantiene muy por debajo de la de economías desarrolladas por falta de capital y escala.
Este fenómeno genera un círculo vicioso difícil de romper. Las empresas informales sobreviven, pero tienen enormes dificultades para crecer, innovar o integrarse en cadenas de valor más complejas. El resultado es una economía fragmentada, con muchas unidades pequeñas y pocas compañías capaces de competir a gran escala.
A este problema se suma un sistema educativo que no termina de estar alineado con las necesidades productivas. Los resultados académicos son bajos en el entorno OCDE y el abandono escolar es elevado. Además, existe una desconexión clara entre la formación y el mercado laboral, lo que genera escasez de perfiles cualificados en una economía cada vez más orientada a la industria y a la tecnología.
La consecuencia es doble: empresas que no encuentran talento adecuado y trabajadores que no acceden a empleos de calidad. Esto refuerza el peso de la informalidad y limita el crecimiento del país en sectores de mayor valor añadido.
El tercer gran freno es la inseguridad. La presencia extendida del crimen organizado y la falta de control en determinadas regiones introducen un factor de riesgo constante para la inversión. Cuando el capital percibe inestabilidad, reacciona con prudencia: los proyectos se retrasan, los costes aumentan y la actividad económica pierde dinamismo.
Estos tres elementos (informalidad, educación e inseguridad) se retroalimentan y configuran un entorno poco favorable para el crecimiento. No se trata de problemas recientes, sino de barreras estructurales que han mantenido prácticamente estancado el PIB per cápita durante los últimos 25 años.
México cuenta con importantes recursos naturales, una base industrial consolidada y, sobre todo, una ventaja geográfica difícil de replicar: su proximidad a EE. UU.
Un potencial que sigue intacto
Pese a este diagnóstico, México mantiene un potencial económico considerable. Cuenta con importantes recursos naturales, una base industrial consolidada y, sobre todo, una ventaja geográfica difícil de replicar: su proximidad a Estados Unidos.
Más del 80% de sus exportaciones se dirigen al mercado estadounidense, con cadenas productivas profundamente integradas. En un contexto de tensiones globales y relocalización industrial, esta cercanía adquiere un valor estratégico. Fabricar cerca del consumo final reduce riesgos logísticos, acorta tiempos y mejora la seguridad de suministro.
Este cambio en la globalización abre una oportunidad clara. Estados Unidos busca reducir su dependencia de Asia y reforzar su entorno industrial próximo. México, por costes, localización y acuerdos comerciales como el T‑MEC, está bien posicionado para beneficiarse de esta tendencia.
Además, el tamaño de su mercado y su joven demografía refuerzan este atractivo. Sobre el papel, tiene todos los elementos necesarios para convertirse en un gran hub manufacturero global. La cuestión es si será capaz de eliminar los obstáculos que han limitado su desarrollo durante décadas.
El futuro dependerá en gran medida de esa capacidad de reforma. El país no solo tiene que aprovechar esta oportunidad, sino resolver problemas estructurales que frenan la productividad, la inversión y el crecimiento a largo plazo. Todo ello en un entorno político y comercial incierto.
México no parte de cero: tiene industria, mercado y una posición estratégica única. Pero convertir ese potencial en crecimiento sostenido requiere cambios profundos en el funcionamiento de su economía.
¿Puede México dar ese salto y convertirse en la gran potencia industrial del entorno estadounidense? De todo esto hablamos en el nuevo episodio de Si Lo Hubiera Sabido, el canal de información financiera de Mutuactivos.
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