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¿Cómo sé a qué perfil de inversor pertenezco?

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¿Con qué animal se identifica usted más: con un león, con un perro o con una hormiga? Si nos hicieran un test de personalidad y siguiendo unas sencillas pautas básicas del análisis psicológico, el león se presentaría como un animal fiero y seguro de sí mismo, que no teme al peligro y se ve capaz de enfrentarse a él. El perro reflejaría a una persona capaz de replegarse antes de correr riesgos innecesarios y la hormiga se identificaría con una figura a la que le gusta la seguridad y huye del peligro.

Está claro que cada animal posee unos rasgos que permiten diferenciarlos del resto, criterio que también podemos aplicar a la hora de definir el perfil de riesgo de un ahorrador. ¿Cuál sería, por tanto, la equivalencia?

El “león” sería un ahorrador agresivo, capaz de asumir riesgos y pérdidas en sus inversiones. El “perro” se correspondería con un inversor moderado o equilibrado, que apuesta por asumir riesgos en su justa medida. La “hormiga”, por último, vendría a ser el inversor conservador, que busca seguridad y preservar en todo momento su capital.

De forma muy simplista, el “león”, el “perro” y la “hormiga” nos ayudan a definir los conceptos básicos para determinar el perfil de riesgo de un inversor, un análisis que debe hacerse siempre antes de aventurarse a invertir en un producto financiero. En definitiva, antes de apostar el ahorro logrado con esfuerzo, conviene tener claro qué subidón de adrenalina somos capaces de soportar. Para llegar a la conclusión más acertada, en todo caso, es conveniente tener en cuenta también otros factores como la edad del inversor, su nivel de ingresos, deudas pendientes, necesidades de capital en el corto plazo… Todo ello nos ayudará a definir de una forma más correcta en qué tipo de “animal”  nos gustaría encarnarnos financieramente hablando.

Los Test Mifid

Un poco más aburridos que los test de personalidad, pero bastante efectivos cuando andan los euros en juego, son los Test Mifid, cuestionarios que deben realizar las entidades financieras siempre que presenten a sus clientes una recomendación de inversión. Si la decisión parte del cliente, la entidad no tiene por qué realizar estos test. Aunque en este caso, el ahorrador debe ser consciente de los riesgos que corre si no ajusta el producto a su perfil de inversión.

El principal objetivo de los Test Mifid (que incluyen un test de idoneidad y un test de conveniencia) es definir el nivel de conocimientos financieros y de capacidad de asumir riesgos y pérdidas de un inversor. Si se somete a ellos,  deberá responder a cuestiones sobre su experiencia en el ámbito de la inversión, el volumen y frecuencia de sus operaciones, su nivel de formación,  su fuente de ingresos periódicos, sus activos, sus compromisos financieros, sus objetivos de ganancias, su horizonte temporal deseado para la inversión, etc.

A grandes rasgos, la bolsa o los fondos de inversión que invierten en ella son sólo aptos para inversores dinámicos (“leones”), capaces de asumir fuertes vaivenes. Los fondos mixtos serían adecuados para inversores moderados (“perros”) y los depósitos o los seguros de ahorro con el capital garantizado estarían dirigidos a inversores conservadores (“hormigas”) que buscan seguridad y protección para su dinero. No obstante, el abanico de productos financieros que existen (sólo en fondos, el mercado español cuenta con más de 2.000 “especies” diferentes) es tan rico como el espectro de matices “animales” que puede presentar un inversor. Más allá del “león”, el “perro” y la “hormiga”, podemos también encontrarnos con inversores “cocodrilo” (mucho más fieros que los leones y que van a por todas), “cisne” (tranquilos, sosegados e independientes), “mono” (inteligentes pero que, a la vez, buscan diversión)…

Cuanto más se analice, más capaz será de calibrar el riesgo exacto que debe correr con la inversión elegida.