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Percepción y sincronía

La moto: Una simbiosis basada en la percepción y en la sincronía

Al conducir una moto, entramos en un mundo de pura sensibilidad. Dejemos a un lado la mentalidad ausente con la que viajamos en tren, en avión o, incluso, con la que conducimos un coche. Con el coche el viaje siempre es el mismo: Si hace frío, calefacción; si hace calor, aire acondicionado; si llueve, se pone en marcha "el limpia" y si sopla el viento, nos sentimos dentro de él igual que si no lo hiciera. Con la moto cada viaje es distinto, cada salida lleva un planteamiento diferente y resulta en muchas ocasiones una auténtica aventura. Con la moto formamos parte de una simbiosis.

Esa simbiosis está basada, lógicamente, en la en la percepción y también en la sincronía.

En cuanto a la percepción, hablamos de todo lo que nos va transmitiendo la moto en marcha y de saber interpretarlo. Debemos llegar a distinguir, por ejemplo, cuando la rueda pasa oblicuamente sobre una línea de pintura y deja notar el pequeño escalón que forman las muchas capas que ha recibido, la moto hará un pequeño vaivén, al subir y bajar la línea, de cuando pasamos por la franja de un paso de cebra y la rueda resbala ligeramente. Si confundimos el primer caso con el segundo, lo achacaremos erróneamente a una falta de adherencia del neumático, con nuestra consiguiente pérdida de confianza y seguridad.

En cuanto a la sincronía con nuestra moto, se manifiesta en todos y cada uno de los movimientos que hagamos. Para hablar de esa sincronía, nos sirve como mejor referencia la reacción de una RR, de una deportiva. Si cuando abordamos una curva con una de estas motos, miramos, nos fijamos en un punto de referencia, por ejemplo, el ápice de la curva, la moto irá sola allí, únicamente con que lo pensemos. "Qué mayor sincronía puede concebirse que conducir sólo con el pensamiento."